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Soy venezolano y no me voy
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Sin Plan B Fotógrafo profesional y director de una escuela que lleva su nombre, Roberto Mata ha sido frontal al criticar la situación política del país y más de una vez ha hecho pública su inconformidad. No obstante, afirma que no tiene planes de dejar Venezuela
Quienes lo conocen saben que Roberto Mata es un hombre ocupado. Sus días pasan entre trabajos publicitarios y editoriales, planificando alguna expedición fotográfica o respondiendo dudas de sus alumnos en su escuela: Roberto Mata Taller de Fotografía. Y es que desde que decidió dedicarse al mundo de las imágenes, cuando apenas tenía 12 años y un primo le prestó una cámara, no ha parado ni un momento. Sin duda, es un hombre que cree en lo que hace.
La falta de dinero para costear su nuevo pasatiempo no fue un impedimento. Mata decidió vender sus fotos a sus compañeros de bachillerato, desde imágenes de los juegos deportivos del colegio y la elección de la madrina, hasta retratos de Guillermo Dávila, quien era muy amigo de su hermano Carlos Mata. Así logró autofinanciarse y apenas salió de quinto año, dejó su Valencia natal y se vino a Caracas, donde comenzó su carrera profesional en El Nacional, específicamente en la revista Pandora, bajo la dirección de Soledad Mendoza. Desde esos primeros años, es largo el camino recorrido: fotografía corporativa para la empresa petrolera, trabajos editoriales para revistas como Gatopardo, campañas publicitarias, segundo lugar en la Bienal Christian Dior de 1995 y Gran Premio en el 31° Salón Nacional de Arte Aragua (2006). Para completar, hace 14 años materializó su proyecto más importante: formar una escuela de fotografía. Si bien es poco su tiempo libre, siempre encuentra espacio para compartir con su esposa y sus dos hijos, especialmente con Ignacio, un pequeño de 10 meses. Además, corre, monta bicicleta, intenta ir al cine reconoce que cada vez menos y organiza expediciones ideadas para tomar fotos junto con su amigo y socio, Julio Estrada, a través de su compañía Larga Distancia. Aunque podría decirse que le ha ido muy bien y que ha logrado concretar casi todos los planes que se ha planteado, en más de una oportunidad Mata ha manifestado abiertamente sentirse inconforme con muchas de las cosas que suceden en el país, sea la irregularidad en la organización de un evento fotográfico o alguna decisión del presidente Hugo Chávez. Sin embargo, no está en sus planes emigrar. ¿Ha pensado en irse? No ¿Por qué? Creo que es importante no tirar la toalla, no darle la espalda al país que, de una u otra manera, te ha dado todo. Entonces, ¿por qué cuando la cosa se pone apretada hay que salir corriendo? Creo que uno se debe a su país y tienes que luchar y tratar de ayudar, y una manera de colaborar, en el mejor de los sentidos, es estando en él, trabajando en él y creyendo en él. Si viviera en Australia no estaría haciendo nada de esto. Sin nacionalismo extremo, pero me sentiría un poco malagradecido si me voy. Y no lo estoy haciendo por remordimiento de conciencia, sino porque de verdad creo que me debo al país. Es firme al afirmar que tiene un profundo compromiso con Venezuela y que considera que no tiene espíritu de emigrante, pero eso no significa que, en un momento dado, si lo cree necesario para su familia, no esté dispuesto a salir. "No voy a poner en riesgo a los míos. Mientras sienta que eso no está en juego voy a seguir trabajando por Venezuela. Sonará un poco panfletario, pero creo que en la medida que uno trabaje y haga lo que tiene que hacer, está trabajando por el país, independientemente de su oficio o profesión". ¿Tampoco ha pensado en el llamado plan B, es decir, ir pensando en paralelo qué hacer si sucede algo? Mi plan B es mi plan A. Me costaría mucho llevar dos planes a la vez. No puedo hacer lo que creo y, por otro lado, tener un plan B. Mi plan A es continuar todo lo que estoy haciendo, consolidarlo, afianzarlo. Un proyecto particular es ese: continuar, no necesito el gran proyecto. Desarrollar iniciativas que tengan que ver con la cultura, como La Carnicería Arte Actual, también está en sus planes. La Carnicería es un espacio expositivo que ha abierto sus puertas al trabajo de jóvenes creadores, sean pintores, escultures, fotógrafos o diseñadores; lo importante es que presenten propuestas originales y actuales. El detalle es que este espacio funciona dentro del taller de fotografía, por lo que no descarta que en el futuro se convierta en una suerte de centro cultural. Precisamente su escuela es otra de las grandes razones que lo mantienen en su tierra, pues a través de ella, él y sus alumnos han creado un registro fotográfico de Venezuela. "Creo que hemos aportado un grano de arena al imaginario. De verdad tenemos un registro muy fuerte del país y no quiero dejar de hacerlo, no quiero abandonar eso". Del taller han egresado nombres que hoy son conocidos en el plano profesional como Maritza Tortolero o Felipe Di Ludovico, que constantemente están participando en salones como el Premio Juan Rulfo en París el cual quedó en manos de Julio Estrada o la Bienal de Fotografía de El Hatillo. Asimismo, que entre sus profesores se encuentran figuras como Ricardo Jiménez, Alexis Pérez Luna, Ana María Ferris y Leo Álvarez. "Reavivamos y estimulamos la fotografía de los aficionados, y se reconoce a través de los salones. Los alumnos llegan a Madrid con un portafolio hecho en la escuela y los aceptan inmediatamente. Es constante, no me gusta hablar de eso, pero evidentemente son reconocidos, porque esa afición se convirtió en una afición seria, sana, genuina y estomacal". Motivar a los alumnos a realizar un trabajo cada vez mejor forma parte de su plan A. "La escuela está invitada cada vez con más frecuencia a eventos fotográficos, porque se reconoce su capacidad de registro serio, y poder llevarla a participar en esos proyectos me hace sentir muy bien".
Mílitza Zúpan
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