Soy venezolano y no me voy

 

Artesanos del Juguete

Lo que comenzó como una actividad sencilla hace más de dos décadas, se transformó en una pequeña empresa que emplea de forma indirecta a 50 personas. Freddy Carrasco, junto a su esposa,elabora piezas únicas que reivindicantradiciones culturales del venezolano



A diferencia del plástico, la madera es material muy noble y moldeable, que acepta formas y colores y tiene la particularidad de estar viva. Seguiré siendo artesano porque estoy enamorado de la elaboración de juguetes", confiesa con una inmensa sonrisa Freddy Carrasco, que ha dedicado los últimos 25 años de su vida a descubrir los secretos y virtudes que esconde la madera.

Hoy, y siempre en compañía de su esposa, Verónica Ficher, Carrasco es propietario de Educarte, un taller de producción de juguetes artesanales educativos y de colección. En él se tallan desde caballitos, grillos y barcos, hasta piezas de mayor complejidad, como muñecos trapecistas, malabaristas y payasos que se balancean sobre bases de madera.

Hasta el momento, el más laborioso, según Carrasco, es Entrada Libre al Reino de los Sueños: una suerte de caja de sorpresas gigante con coloridas paredes repletas de juegos didácticos que ponen a prueba las aptitudes de motricidad de los niños.

El carrusel es uno de los platos principales de Educarte, pieza en la que se representan bailes típicos como La Burriquita, los Giros de San Benito, El Pájaro Guarandol y los Diablos de Yare. También maneja productos de corte comercial que le permite atender pedidos de hasta 2.500 piezas. Tal es el caso de línea de rompecabezas que muestran animales en peligro de extinción, paisajes típicos, el mapa de Venezuela y hasta instrumentos musicales.

"El kit de juegos tradicionales ha sido como un caballito de batalla para penetrar en varios mercados. Tiene perinola, gurrufío, yoyo, trompo y metras, y está comprobado que con la manipulación de estos mecanismos los niños con discapacidades desarrollan y fortalecen destrezas como la concentración, vibración, tensión y armonía de los movimientos", comenta Carrasco, que recuerda que sus primeros clientes, a inicios de los años 80, fueron algunos colegios y centros de rehabilitación que utilizaban los juguetes para terapias.

Génesis de una microempresa

Los inicios del taller Educarte se remontan a hace 20 años, cuando Carrasco y Ficher, luego de casarse y de realizar diferentes actividades en Inglaterra, deciden tocar suelo venezolano. "Mi esposa es suiza y yo de Cumaná. Ella estaba muy entusiasmada con conocer mi país. Así que vinimos a pasar unas vacaciones y se enamoró de esta tierra, de la calidez de la gente. Eso la enganchó y nos quedamos", recuerda Carrasco.

La pareja se instaló en la parroquia Coche, en Caracas. Carrasco se dedicó al diseño gráfico, mientras que Ficher impartía clases de manualidades en algunos colegios.

"Mi esposa improvisaba juguetes para los niños y llamaron tanto la atención, que los padres le hacían encargos".

Para diciembre de 1982 acumularon una gran cantidad de pedidos y decidieron instalar un puesto en la tradicional feria del Ateneo de Caracas. En sólo una semana vendieron todo. "Y de nuevo nos encontramos con una carpeta llena de encargos. Justo en ese momento nos dimos cuenta de que era una actividad económica sustentable. Así, montaron el taller en su casa y sus vecinos se convirtieron en los mejores aliados: a coser, lijar, cortar y realizar otras actividades asociadas.

A un año de comenzar el pequeño negocio, afrontaron una crisis: el viernes negro de 1983.

La pareja consideró la posibilidad de abandonar el país en búsqueda de mejores condiciones de vida. "Recuerdo que le dije a Verónica: ¿qué hacemos? ¿Nos vamos a Suiza? Y mi esposa me dijo: No. Nos vamos a Mérida. Sabíamos que era una ciudad artesanal y turística por excelencia, y eso era lo que deseábamos: un proyecto que relacionara ambas actividades. Nos establecimos en el sector La Pedregosa y continuamos vendiendo, sin intenciones de fabricar en grandes cantidades. Estamos en capacidad de hacer unos 500 juguetes mensuales con medio metro cúbico de madera", comenta Carrasco.

Paralelo a esto, ambos dieron un paso para ejecutar el proyecto turístico. Acondicionaron una pequeña cabaña que llamaron La Casita de Barro, para recibir huéspedes. Con el tiempo se convirtió en una posada con capacidad para 16 personas en 4 pequeñas cabañas. Pero afrontaron una segunda situación difícil. "Con la llegada del paro de 2001 se volvió a complicar todo. Y de nuevo le propuse a mi esposa la posibilidad de irnos del país. Ella me respondió: Yo de aquí no me voy. Tenemos que seguir echándole pichón".

La decisión de quedarse en Venezuela implicó la ampliación del negocio y crearon una página web desde la cual sus clientes hacen pedidos de juguetes desde el exterior. Así internacionalizaron sus piezas y reciben huéspedes.

Actualmente, la pequeña empresa continúa creciendo y en algunos clientes y huéspedes nació la inquietud de comprar la franquicia del taller. Para ello, Carrasco diseñó un mueble equipado con una variada línea de piezas, tanto de colección como comercial, que se vende por 10 millones de bolívares. Hasta ahora ha concretado quioscos para El Hatillo, Los Naranjos, La Colonia Tovar, uno en Puerto La Cruz y otro en Mérida.

Ileana García Mora



En madera

La artesanía basada en la madera no perturba el equilibrio ecológico. Para la elaboración de piezas se utilizan algunos tipos cultivados para ello, como el pino caribe y lazo. También se usan desperdicios de cedro y fresno como materia prima. En las regiones de Barinas y Mérida crecen muchos tipos de madera finas y exóticas protegidas por la ley. Pero también hay contrabando, lo cual contribuye a la destrucción de las zonas más hermosas: las montañas y bosques. Venezuela posee 49,6 millones de hectáreas de bosque natural.

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