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Soy venezolano y no me voy
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Dulce oficio Los procesos de transculturización son tan complejos como fructíferos. La exótica mezcla de un inmigrante húngaro con una venezolana dio como resultado la creación y consolidación de la marca Danubio, cadena de pastelerías que desde hace 37 años invita a los comensales a probar delicatesses europeas y criollas
Aquel viejo proverbio que indica que "detrás de un gran hombre hay una gran mujer" encaja perfectamente en el caso de la cadena de pastelerías Danubio. "No me gusta ponerme como la protagonista de la historia, porque primero estuvo mi esposo, y ahora mis hijos. Pero sí me siento fundadora de las empresas", asegura con una firme humildad la señora Evelia Kerese.
Hace 37 años, y siempre de la mano de su marido de origen húngaro, Pal Kerese, concibió la idea de montar un establecimiento comercial que le rindiera suficientes ingresos como para subsistir. Con el tiempo, ese "negocito" se convirtió en toda una marca que distingue a una de las cadenas de pastelerías más prestigiosas de Caracas. Para esta venezolana nacida en San Cristóbal, estado Táchira, lo más importante al momento de edificar una empresa y garantizar su éxito es mantener muy en alto los niveles de calidad. "Y así lo hemos hecho", dice Evelia, que tiene 78 años de edad y aún se mantiene firme frente a su empresa, en compañía de sus tres hijos, Alejandro, Pablo y Andrés. "Ellos han tenido una verdadera visión de negocio y la siguen teniendo, por eso es que no pensamos en irnos del país. Adoramos Caracas y, aunque a veces no sabemos lo que nos viene, aquí estamos, afrontando todo lo que nos toque: aumentos de precios o cierres por parte del Seniat", comenta.
En casa de herrero Aunque suene paradójico, la señora Evelia no elabora ni lo ha hecho nunca los dulces que le han valido tanta popularidad a la marca Danubio. Su esposo sí. Él se nutrió en las artes de la pastelería cuando tocó territorio nacional. "Llegó a Venezuela en barco, en 1947, con apenas 22 años de edad. Decidió irse de su país natal por los problemas políticos y económicos, y por las secuelas de la II Guerra Mundial. Aquí comenzó a trabajar como ayudante en una pastelería llamada Au Gourmet, donde yo me desempeñaba como despachadora. Ahí nos conocimos", recuerda. Una vez casados, a la pareja le iba bien: él siguió cultivando sus habilidades en las artes del dulce en diferentes establecimientos, mientras ella estaba en la casa con sus hijos. "Emprender un negocio es un riesgo, pero tenía mis aspiraciones. Y mi sueño para mi esposo era un negocito propio, porque nunca me gustó que estuviera sujeto a ser empleado. Yo siempre tuve la idea de que fuese dueño. Y debíamos trabajar en lo que cada uno sabía: yo despachaba y él hacía lo suyo en la cocina". Empezaron de cero: en 1971 instalaron un pequeño negocio en Chacao, en la misma casa donde vivían; su plato principal eran los cachitos y los clientes eran atendidos por sus propios dueños. Con el paso del tiempo Danubio se consolidó como una marca y se expandió en la capital venezolana con la apertura de sucursales en Santa Rosa de Lima, en 1974; Multicentro Empresarial del Este, en 1976; Santa Mónica, en 1982; en el Centro Comercial Sambil, en 1997, y más recientemente, en La Trinidad, en 2005. La de Chacao se lleva el récord de ventas, con 8 millones de bolívares diarios y la que menos vende es la de Santa Mónica, que produce entre 5 y 6 millones de bolívares diarios. La cadena genera más de 270 empleos directos. A pesar de que la especialidad de la casa siempre ha sido la pastelería europea las tortas selva negra, miloja, bayle de nueces y la baclava, por ejemplo, Danubio incursionó en la venta de dulces más criollos, como la quesadilla, golfeados, el pan andino y hasta las hallacas y panes de jamón, que se anticipan a la época decembrina y comienzan a salir de las tiendas en septiembre. Pero el abanico de opciones no se queda allí: a partir de 2001 incursionó en la venta de almuerzos, como una forma de diversificar las alternativas para los clientes y hacerle frente a la severa crisis económica que vivió el país. En la tienda ubicada en Chacao, por ejemplo, se elaboran más de 100 almuerzos y 300 ensaladas al día.
Ileana García Mora
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