TENDENCIAS

 

Cartoons para grandes

 

Animación para adultos. Humor ácido y desconsiderado, litros de sangre y mucho sexo circulan ahora hechos dibujo después de las11 de la noche. La tele para noctámbulos encontró su salvación y su nicho de negocio



Los ejecutivos de las grandes cadenas de cable debieron darse con la palma abierta en la frente cuando cayeron en cuenta. ¿Cómo no lo habían pensado antes? Fue apenas en 2001 cuando se percataron de que la mayoría de quienes veían sus programas orientados para niños más allá de las 11 de la noche eran adultos de más de 18 años. El resto fue sencillo. Con una mezcla de contenidos eróticos, un humor retorcido y muchas referencias a la cultura pop, las señales de cable han ido abriendo espacios para la animación para adultos.

Canales que tradicionalmente habían dedicado su programación exclusivamente a la animación infantil (como es el caso de Cartoon Network) han reservado un horario a los "niños crecidos", cuya base en la audiencia norteamericana está estimada en unas 354.000 personas. Estos fieles espectadores siempre estarán dispuestos a reír a carcajadas viendo a personajes animados envueltos en situaciones adultas.

El fenómeno parece tener una explicación bastante sencilla. Algunos representantes de las televisoras coinciden en señalar que quienes hoy ocupan el segmento adulto se criaron frente a los televisores, sometidos al bombardeo de Meteoro, Mazinger Z y He Man, y también disfrutaron con series más viejas como Los Picapiedras o Los Supersónicos, por lo que tienen asimilado el código animado como parte de sus vidas. Si a esta tesis se le suma la hipótesis de que por lo general el público masculino es más proclive a continuar viendo dibujos animados como adultos, la ecuación no parece demasiado complicada. Los ejecutivos de programación se lo plantearon en términos sencillos: combinar situaciones eróticas, violentas y humor negro con dibujos animados, y vendérselo al público que tiene menos de 35 años, puede funcionar. De hecho, funciona.

Ataque en bloque

La primera cadena de cable que aplicó el concepto de bloque noctámbulo de animación adulta fue Cartoon Network con Adult Swim. Posteriormente, se sumaron Fox (No Molestar), Sony Entertainment (PI, un bloque que incluye animación y otros programas irreverentes para adultos) y FX, que añadió la serie City Hunters a su programación nocturna. El canal Animax, por su parte, nació como un medio que dedica toda su programación a animación japonesa complicada y violenta, dirigida totalmente al segmento más fanático.

Adult Swim constituye prácticamente un caso de estudio. Está considerado entre los primeros puestos de los programas favoritos entre la audiencia de entre 18 y 35 años. Cada una de las series que lo conforman cuenta con un panel de escritores de alta calidad. Shows como Pollo Robot, Aqua Teen Hunger Force y Laboratorio Submarino se han convertido ya en símbolos de la cultura pop. Incluso George Lucas y Seth Green escribieron un guión para la serie de media hora, Pollo Robot.

En el asunto de los números, el bloque también ha sido toda una revelación. Cada episodio de Adult Swim cuesta un promedio de 100.000 dólares. Sólo en el último año los récords de audiencia para el bloque de 3 horas aumentaron en más de 60 por ciento, de unos 180.000 espectadores a 431.000.

En general, producir series animadas no es tan costoso como años atrás. La tecnología disponible hoy en día abarata costos. Cuando los productores de Adult Swim quieren promover un show específico usan su tipografía en blanco, sobre fondo negro. Una promoción cuesta unos 1,99 dólares. El talento también es barato. Hacer la voz de Homero Simpson en inglés cuesta unos 250 mil dólares por episodio (mucho menos que el millón que llegaron a ganar los protagonistas de Friends o Seinfeld alguna vez). Todo bien.

Sin embargo, no todo es tan bueno. Dependiendo de quién y cómo se hagan las cosas, la fórmula también puede caerse. Los trece primeros episodios de Father of the pride (una serie hecha por nada menos que DreamWorks, que se transmitió en Fox durante un par de temporadas y luego salió del aire) costaron el equivalente a hacer tres Shreks.

Una ejecutiva de NBC, Sarah Baisley, lo dijo en palabras duras: "La animación tiene tanto derecho a estar en horario estelar como los sitcoms y los dramas. Pero no le está permitido fallar. Cada episodio debe ser un éxito". Allí está el reto.

Los hijos de Ren y Stimpy

Desde principios de los años 90 los dibujos animados para niños también variaron sus propuestas. El humor infantil que hizo reír a los que hoy son adultos con chistes como los dedos incendiados del gato Tom puede parecer aburrido y tonto para un niño de hoy. Los dibujos animados actuales están cargados de colores, rayos láser, música drum and base, ruidos estridentes y chistes que cuestionan las normas. Desde que el canal infantil Nickelodeon se aventurara a poner al aire una serie sucia e irreverente llamada Ren & Stimpy, las cosas cambiaron.

La serie fue creada en 1991 por John Kricfalusi como una suerte de parodia a los cartoons de los años 50 (como Tom y Jerry). Un gato idiota y un chihuahua malhumorado comparten las situaciones más absurdas, en medio de no pocas referencias a la cultura popular americana de esa época. La serie fue acusada de soez, cochina y su creador tuvo que decir muchas veces que la pareja no era gay.  Pero más allá de las críticas, la caricatura tuvo mucha aceptación entre los niños y --sorpresa-- los adultos. Las gráficas y la propuesta de este dibujito marcaron un hito en la forma en la que se concebía el humor animado hasta entonces.

Los herederos de esta tradición son ácidos y cuestionan, hasta cierto punto, las normas. Una valla publicitaria muestra hoy al protagonista de Las aventuras de Billy y Mandy con una batidora metida en sus fosas nasales, mientras abajo se lee: "Me pican los mocos". Sencillamente irresistible.

Billy y Mandy (dos niños que tienen por amiga a la muerte), son dignos representantes de lo que los infantes ven hoy y pertenecen también al mundo de los programas animados que fueron hechos originalmente para niños y que los adultos han adoptado como favoritos. En este mismo grupo entran Las Chicas Superpoderosas, El Laboratorio de Dexter, Samuray Jack (las tres de Genndy Tartakovsky, uno de los nuevos genios de la serie animada), Mansión Foster para amigos imaginarios y Bob Esponja, una criatura del océano que con sus chistes aparentemente obvios se ha ganado no sólo a los niños, sino a muchos de sus padres, y que incluso ha llegado a protagonizar una candente polémica por haber sido seleccionado por la comunidad gay como uno de sus iconos. El humor infantil que da resultado hoy tiene distintas capas. Los niños leen unas cuantas y se divierten, y los adultos captan otras referencias que están allí y ríen en otros momentos. Así, la fórmula que reza que los padres deberían compartir tiempo con sus niños puede surtir efecto frente al televisor o en las salas de cine (como sucede con Los Increíbles de Brad Bird y Shrek, de Andrew Adamson).

La receta del cartoon adulto

Para los nuevos genios de la industria, la clave es simple: basta con cambiar un poco el guión y dejar de un lado la –relativa– inocencia con la que se aborda una serie para niños. Darse las licencias. Eso es todo.

La violencia explícita es casi una norma que aplica sobre todo a los dibujos japoneses para adultos. Series como Akira, Evangelion, Noir –una serie de cruentas asesinas que se cuestionan su sed de sangre, transmitida por Animax– y AEon Flux (del coreano Peter Chung), se basan en este principio.

La irreverencia es otro plato fuerte. La exitosa South Park, creada por Matt Stone y Trey Parker, busca la desobediencia y lo políticamente incorrecto por instinto. Aquí se trata de acabar con todo (minorías, conflictos, figuras de la farándula y religiones, entre otros temas tabú), pero pasando por cuatro niños que, en el fondo, ven el mundo con cierta inocencia. Las malas palabras y las escenas que hablan de sexo son recurrentes, aunque la desnudez explícita no lo es, y esta es una tendencia que se aplica más o menos en toda esta programación.

Otro factor que se suma a la serie animada para adultos es el culto que trae por añadidura. Los adultos también coleccionan objetos alusivos a las series, quieren atesorar muchos de los episodios y, teniendo la tarjeta de crédito en la mano, pueden llegar a gastar cantidades considerables en memorabilia y materiales derivados de las series.

Los productores de South Park lograron un jugoso pacto por nada menos que 75 millones de dólares por extender la serie en formato digital por tres temporadas más. Vale decir que cada temporada consta de 14 episodios y que la serie se transmite desde el año 1997. La pareja le ha sacado ya unos cuantos cientos de dólares a la serie, y no sólo por derechos para la serie en televisión, sino por todo el merchandising que viene asociado a sus personajes.

Humor amarillo

Si hay una serie que explica cómo el humor adulto puede pasar por el filtro de la animación y generar fanatismo desbordado, es Los Simpsons. La familia amarilla que ha sido objeto de tantos estudios sociológicos sentó las bases de una comedia americana en la que, por un lado, todo obedece a cierta lógica "real y verosímil", y por otro, todo es posible.

"Cuando escribes para una serie animada puedes hacer lo que sea, lo cual es un gran beneficio si lo comparas con escribir para gente real. No tienes que preocuparte por detalles técnicos de producción, por ejemplo", según afirma Matt Warburton, uno de los guionistas más jóvenes del multidisciplinario equipo que escribe Los Simpsons.

En ocasión del episodio número 400, Warburton concedió una entrevista al sitio Tv.com en la que afirma que: "La razón por la que la gente ama este show es porque combina buenos y sólidos chistes e historias que se mantienen cuando las miras una y otra vez. La historia central es sobre una familia que pudiera ser real. Creo que por eso se ha mantenido así durante tanto tiempo".

Asimismo, añade que "la cultura pop es un reto particular, porque un episodio puede tomar incluso un año en producirse. Así que tratamos de que todo lo que se pone en un capítulo tenga un sentido de larga duración".

La familia (dis)funcional

El humor que tras años de maduración sentaría el germen de Los Simpsons viene de Los Picapiedras. Esta parodia de la vida en los suburbios desarrollada en la edad de piedra, creada por Hanna-Barbera, salió al aire en 1960. El truco consistía en que los personajes se comportaban y hablaban con un estilo muy contemporáneo y se movían entre montones de referencias de la cultura popular de la época y chistes sobre las relaciones de pareja.

Sus sucesores, Los Supersónicos, vinieron a ser la contraparte futurista de la familia de Pedro y Vilma. Debutaron en el año 1962 y basaron su imaginario en las referencias de la literatura de ciencia ficción disponible para la época.

Otras series posteriores a Los Simpsons han tomado el tema de la familia típica para basar su tesis del humor maduro. King of the Hill tiene ya una década (y 11 temporadas) en la pantalla y se autodefine como una serie en la que un tipo del promedio se mueve en un mundo que está constantemente redefiniendo la expresión "del promedio".

Family Guy, serie ganadora del Emmy, cuya sexta temporada acaba de ser aprobada (y que recientemente también fue abierta al mundo de los contenidos sindicados), ha dado un salto todavía más allá: su creador, Seth MacFarlane (que hizo también en esta línea la serie American Dad), creó una versión teatral de la comedia, que ha sido llevada a distintos escenarios en Montreal, Los Ángeles y Nueva York, y que será llevada próximamente a Chicago. La familia americana da para mucho.

Códigos para mayores de edad

Aunque las fórmulas actuales se han especializado en el público masculino de entre 18 y 35 años, y se apalancan en cuidadosas estrategias de mercadeo, lo cierto es que la animación para adultos en Occidente no es un invento del siglo XXI.

Uno de los primeros cartoons hechos exclusivamente para adultos fue Fritz the Cat. Ideado por Ralph Bakshi y dibujado por Robert Crumb (una leyenda del cómic de los años 70), este cartoon muestra a unos gatos portándose realmente mal.

La sexy Betty Boop (el cómic animado de Max Fleischer de los años 30) y los cartoons de Tex Avery también caminaban entre aguas del humor infantil y referencias sutilmente eróticas para los adultos. Lo mismo sucede si se ven, a la vuelta de los años, las caricaturas animadas de los años 40. Aunque con un humor inocente, los Looney Toons podían ser vistos y disfrutados tanto por niños como por adultos.

Cynthia Rodríguez



El dios de las mujeres perfectas

Erotismo y una constante reflexión sobre la historieta como formato para contar historias son las dos grandes obsesiones de Milo Manara (Bolzano, Italia, 1945). En una edición especial de varias de sus historias que hizo la Biblioteca Clarín de la Historieta, el escritor Pablo De Santis explica que "las dos elecciones forman parte de una misma fatalidad: la sensación de que la aventura ha muerto y de que sólo hay espacio para contar fantasías eróticas o para expresar la nostalgia por ese grado superior de experiencia que la aventura implica".

La obra de Manara está plagada de referencias a sus dos maestros: Federico Fellini y Hugo Pratt. A ellos rinde constante homenaje en sus fantasías oníricas y la gracia de sus diálogos. Entre sus obras más destacadas se cuentan: El Rey Momo (1976), La aventura de H.P., El Click, parte 1 (1983 –hoy en día sigue saliendo como serie–), Viaje a Tulum (1990) y Verano indio (1991). De sus trabajos más recientes destaca Las aventuras urbanas de Giuseppe Bergman: camino oculto (1998), entre otras.



Con gusto latinoamericano

El talento regional también está apostando por series animadas para adultos. Este es el caso de City Hunters, una serie que se lanzó desde Argentina, a través de la señal FX, para toda América Latina. Axel es un muchacho más bien tímido, que tiene una misión muy especial: ser entrenado por el sabio doctor Lynch –un sensei de la seducción– en el discreto arte de conquistar mujeres. Todo transcurre bajo el trazo de Gastón Gorali, el creador argentino que contactó nada menos que al maestro del dibujo erótico Milo Manara para –un poco al estilo de Axel– aprender a delinear las provocativas curvas que constituyen el ideal masculino del cuerpo femenino (cinturas mínimas, bustos y caderas gigantes).

City Hunters es una serie calentona que de alguna manera reinterpreta la tradición japonesa del Hentai (la denominación del dibujo erótico) para el imaginario occidental. El equipo de guionistas que escribe cada episodio de City Hunters está compuesto por reconocidos escritores de cine, televisión y literatura. La serie es dirigida por Carlos Baeza, que durante siete años trabajó con Los Simpson. Desde Venezuela también salió una propuesta que, aunque no se trata de un dibujo sino de animación digital, es una respuesta local al fenómeno.

Se trata de Nada que ver, una serie escrita por la productora PLOP (de los venezolanos Oswaldo Graziani y Juan Andrés Ravell) y doblada con las voces de reconocidos humoristas venezolanos como Emilio Lovera, Rolando Salazar, Nora Suárez, Antonio Delli, Malena González y Luis Carreño, y animada en Argentina, que con un humor cruel y personajes salidos de las páginas de la actualidad política y farandulera, ha sido la apuesta de animación para adultos de Sony Entertainment Television para la región.

PRODUCTO ONLINE es producido y mantenido por la
Unidad de Nuevos Medios del Grupo Editorial PRODUCTO y la redacción de la revista PRODUCTO.
Asesor de Nuevos Medios: Alcides León
Comercialización (212) 750.50.11 mcastillo@gep.com.ve