|
|
GASTRONOMÍA
Las memorias del gusto Ante las andanadas que atacan cocina, mesa y sobremesa para conducirnos aparentemente; es un decir hacia el paraíso de la flagelación, el ayuno por escasez impuesto y el reino del pan y agua, ¿qué hacemos? ¿Por qué me lo pregunta a mí, que sólo escribo sobre cocina, mesa y sobremesa? Precisamente por eso. La modernidad enseña que sólo hay un camino: confiar en la memoria del gusto, respondemos. I. IntroitoEl gusto tiene memorias que han resistido asedios y tumbado muros y murallas que parecían permanentes, sobrevivido a mil tempestades y decretos. Si la historia de las civilizaciones algo recoge, y enseña, es el valor intemporal del olfato, las indestructibles cadenas genéticas de lo probado y almacenado como mío o bueno, y la fortaleza de la memoria en cocina, mesa y sobremesa. Por lo tanto, lo primero a hacer piensa uno es no renunciar a sus gustos. Las memorias del gusto no están encadenadas al aire. No flotan en la nada, ni son disquisiciones de bardos de la silueta, en plan faquir. Razonan, manejan información actualizada, comparan. ¿Pan y agua? ¿Pan sin granos? Sólo los misterios de la fe recogen relatos de ese milagro-maravilla. Las memorias del gusto hacen silogismos. Se los enseñan a uno desde la escuela. Algunos pueden resultar más poderosos que tanques y cañones. Con lo del paraíso de la flagelación, además de silogismos, se hace humor del bueno. ¿Será Rebelión en la granja, de (Eric Blair) George Orwell, texto prohibido? Baste con que sea prohibido, para que se lea más, advierten los escasos censores ilustrados. "Todos los animales somos iguales, pero algunos son más iguales que otros", escribió en 1945 Orwell. Dicen los historiadores que la poderosísima "Nomenklatura" se desmoronó por silogismos que la gente construía cuando iba a hacer mercado o tenía sed. II. Plato principalEn cocina, además de los millones de cocineras que siempre tuvimos, tenemos ahora miles de jóvenes que aman la cocina, saben de ingredientes y tienen ganas. Una generación se encargará de pasarle a la otra un principio fundamental de sartén y cacerola: la necesidad agudiza el ingenio. Las cocinas italiana y española por sólo nombrar las dos más cercanas y conocidas construyeron su soporte desde la escasez, no desde la abundancia. En mesa, si a los habitantes de algún país del Caribe le gusta lo bueno, lo ha probado y lo ha grabado, éste es. Crisol de razas, cultura de fusión natural, la mesa nacional es eso, recetas y costumbres regionales que juntan para expresar una nacionalidad. No es la venezolana la mesa de la Colonia, ni la de los grandes cacaos, ni la que carajitos inventan en un restaurante o en las revistas. Conviven aquí la mesa criolla, las de Europa, las de los inmigrantes. Sabores y gustos lejanos, como los de Asia y los del árabe, y sabores cercanos recibidos de los vecinos, las fronteras y los países con grandes intercambios. Si no cree que el gusto tenga memoria anclada en la gente, recorra urbanizaciones y barrios, y golpee puertas. Además de responder, lo invitarán a sentarse. Así es la mesa nacional.
III. Sobremesa La sobremesa es siempre disfrute (como las fiestas, los aniversarios privados), pero además reflexión. Cuenta la historia que en algunos imperios nada había más peligroso que la sobremesa. Porque en ellas además de disfrutar, se piensa, se oye y se dialoga. Cada quien sabrá buscar aquí para la sobremesa, lo que añore, necesite y su bolsillo le permita. En la historia urbana, cercano está el recuerdo de lo que aquí pasó cuando se pretendieron enterrar etiquetas centenarias bajo toneladas de aranceles y sustitución de importaciones. Lo importante le parece a uno es no dejar que le secuestren el placer de vivir, así vivamos por un rato del recuerdo. Porque en eso de recordar, la cava nunca estará vacía.
|
|
|
|
|
Unidad de Nuevos Medios del Grupo Editorial PRODUCTO y la redacción de la revista PRODUCTO. Gerente de Nuevos Medios: Alcides León Comercialización (212) 993.56.33 mcastillo@gep.com.ve |