El oficio del librero



Andrés Boersner: Escenario para debatir ideas

"Eso de estar rodeado todo el día de libros es el paraíso". La vena librera le viene a Andrés Boersner, dueño de la librería Nóctua, de familia. Desde que tiene uso de razón ha estado involucrado con el mundo editorial. "Mi madre era escritora de cuentos infantiles y mi papá es escritor y profesor universitario. Mi abuelo materno tuvo una editorial en Suiza, llamada Atlantis durante 50 años. Y una de mis bisabuelas fue editora de Franz Kafka y Joseph Roth".

Entiende que la intimidad, familiaridad y tamaño son claves para conservar la esencia y personalidad de la tienda, rasgos que la distingue de las grandes cadenas. "Nuestra idea no es tener cada título que sale al mercado, sino adquirir aquellos que toquen temas que manejamos, pues si alguien nos pregunta sobre un asunto debemos ser capaces de responder", explica Boersner.

Se siente más cómodo como librero que como Comunicador Social y considera que sus 20 años de experiencia le han dado una suerte de facultad de leer por ósmosis la media docena de libros que llega a la tienda semanalmente. Esto, sin ignorar el peligro de convertirse en un lector "artificial: "el que no profundiza o se detiene en una página".

Boersner no sólo disfruta la compañía de los textos, sino también las tertulias que se generan con los visitantes. "Cerca de 75 por ciento de los compradores de Nóctua son clientes fijos. Incluso hay quienes se acercan a diario, al menos cinco minutos después del almuerzo, aunque sea a ojear. Ahí es que se dan las tertulias informales que tanto me gustan. Es interesante ver que personas que no se conocen terminan intercambiando puntos de vista", comenta.

No cree que las librerías sean lugares inofensivos; por el contrario: constituyen los núcleos de debate de ideas. "Luis Beltrán Prieto Figueroa fundó una librería llamada Magisterio, que fue donde se tramó el golpe de 1945 al presidente Isaías Medina Angarita. Después, en los años 50, José Rivas Rivas creó Pensamiento Vivo, donde hubo reuniones conspirativas que devinieron en el levantamiento del 23 de enero de 1958", explica. Es por eso, que tiene proyectado escribir un libro sobre la historia de las librerías en el siglo XX, que le sirva de excusa para contar la formación de los movimientos intelectuales en el país.

Walter Rodríguez: Un oficio con futuro

Quedan pocos libreros de vieja cepa en Venezuela, de los que se conocen el contenido de los libros "de la A a la Z", "casi se podría decir que una decena", apunta Walter Rodríguez, uno de los pocos que conforman esa minúscula lista. Desde hace muchos años dirige la Librería Lectura, en el centro comercial Chacaíto. Los fundadores de este negocio fueron directamente a Uruguay para contratar a Rodríguez, quien aceptó el cargo y llegó al país en 1974. A partir de 1991 se convirtió en la cabeza de esta librería.

Comenzó como librero cuando apenas tenía 16 años y ya tiene más de 50 vinculado al negocio editorial. Opina que este oficio ya no es igual que antes, cuando la formación era muy rigurosa y había que superar diversas etapas antes de poder preguntarle a un cliente: "Señor, ¿qué desea?". Sin embargo se muestra positivo ante el futuro. Piensa que, aunque la generación que le siguió no mostró mucho interés por este oficio, los jóvenes de la actualidad pueden demostrar que el sector no quedará sin generación de relevo. "En esto es fundamental tener interés por los libros", acota.

Rodríguez recuerda que al principio tocaba hacer de todo: desde limpiar los estantes y los libros hasta cuidar de que todo luciera impecable. Narra que sólo después de un tiempo era que los jefes decidían si podría tomar el curso de librero. "Para esta profesión la mejor universidad es la de las librerías y la vida. Saber escuchar al cliente es fundamental, los clientes te pueden enseñar mucho. Hay que estar pendiente de las novedades pero uno se nutre de los comentarios, las críticas y de esas amistades que van surgiendo en el núcleo de una librería", expresa.

Confiesa que sus lecturas favoritas son las de historia y las entrevistas. Rodríguez apoya el surgimiento de nuevas librerías, ya que así se permite una mayor posibilidad de que la gente se acerque al libro. "El libro es el mayor invento que ha tenido la humanidad. Es una necesidad y uno le va tomando cariño".

Raúl Bethencourt: Labor satisfactoria

Raúl Bethencourt es uno de los escasos libreros de vieja data que aún se pueden encontrar en el país. Suma, la librería que dirige, está ubicada en pleno boulevard de Sabana Grande y se ha convertido en punto de referencia para los amantes del libro.

Bethencourt ya tiene 81 años pero maneja una computadora con gran agilidad y recuerda muchos detalles de su trayectoria al frente de la librería. Allí comenzó su gestión en 1963, luego de varios años dedicado a la venta de libros a diversos establecimientos. "Mi entrada al negocio fue algo circunstancial, ya que quedé a cargo del mismo para cobrar una deuda grande que tenían conmigo. La librería no estaba en un buen momento, pero luego de mucho esfuerzo comenzó a tomar buen cariz y se convirtió en un punto emblemático donde se importaban múltiples libros hasta dos veces al mes", narra el librero, quien dice que el auge de visitantes fue vital para el oficio que aún desempeña.

Se confiesa amante de la literatura y dice que la clientela ha sido siempre su mejor estímulo. "Me sentía obligado con la gente, con los clientes que buscaban un buen libro", acota Bethencourt. El librero logró inculcar el cariño por los libros a sus dos hijas, quienes actualmente dirigen otra librería –Summa– en el centro comercial Concresa. 

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