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De revolucionario a salvaje boliburgués



En un país donde escasea la leche, el queso y las sardinas, el whisky 18 años rompe récord de consumo y las ventas de aviones privados y automóviles de lujo viven su mejor momento



Bajo el amparo del petroestado, al igual que en la muy criticada cuarta república, una nueva clase social emerge a la sombra de la revolución bolivariana que, con nueve años en el poder, ha manejado recursos por casi 300 mil millones de dólares provenientes del oro negro, según el analista petrolero Heliodoro Quintero.

Su corazón está con el socialismo bolivariano, pero su bolsillo con el capitalismo salvaje. Los boliburgueses –como se le ha dado en llamar a quienes, gracias a sus vinculaciones, negocios o amistades con figuras del Gobierno, han amasado una gran fortuna– no tienen ningún reparo socialista en exhibir su riqueza. Tanto, que el propio jefe de Estado los fustigó en uno de sus programas, cuando ordenó no otorgar más dólares preferenciales al whisky ni a los vehículos de lujo. "¿Qué revolución es ésta?, ¿la revolución de las Hummer?", bramó el presidente Hugo Chávez en alusión a las preferencias en los gustos de sus seguidores.

Pero el gobernador de Carabobo, general Luis Felipe Acosta Carlés, reivindicó su derecho a tener sus Hummer, dado que los revolucionarios también trabajan y "ganan dinero".

Estas vistosas camionetas todoterreno fabricadas por General Motors se han convertido en símbolo de la boliburguesía y han visto en Venezuela un mercado floreciente. Su precio oscila entre 250 y 360 millones de bolívares, dependiendo del modelo y, a pesar del costo (cinco veces más que el de un automóvil económico), hay un sitio en internet para reservarlas que, a las pocas semanas, las solicitudes sobrepasaban las mil.

Roland Carreño, cronista social y experto en moda, ilustra al boliburgués por su deleite por lo costoso. "Es un personaje de riqueza súbita, no tiene cultura de buen gusto, profundamente consumista, con adicción por marcas reconocidas y que disfruta la ostentación".

No opina igual el presidente de la organización Miss Venezuela, Osmel Souza, cronista de El Nacional, quien hasta ahora dice "no conocer a ningún boliburgués", pero admite que en este momento la clase y el buen gusto están escasos entre las personas que ahora exhiben sus fortunas.

De acuerdo con el columnista Ángel Monagas, son sólo unas 80 mil familias las que en Venezuela disfrutan de la bonanza, gracias a su cercanía con el poder. Pero no necesariamente han desplazado a las familias adineradas tradicionales. Esta burguesía se compone de empresarios vinculados a la industria petrolera, finanzas, construcción, seguros o a quienes ocupan altos cargos públicos.

Aquellos que, hasta ahora, han conformado la "alta sociedad" o el exclusivísimo target AB plus, siguen, en una buena parte, disfrutando de negocios habituales con el Gobierno e incrementando sus haberes personales, aunque hay que recordar que algunos –sobre todo los que tomaron parte en la huelga petrolera– han sufrido en carne propia y en sus negocios la ira presidencial.

Capitalismo petrolero

Desde el sillón de Miraflores se propugna la razón social de Pdvsa –ahora de todos– y sólo el año pasado se destinaron 7 mil millones de dólares de su presupuesto para labor social, sin contar lo que se transfiere directamente al Fonden. Lo cierto es que esos fondos han impulsado al capitalismo y, en su dinámica, el más favorecido ha sido el sector bancario, que según de Alberto Müller Rojas (del PSUV) "son la expresión más extrema de la burguesía".

Es que el precio del petróleo venezolano tiene desde enero de 2003 hasta hoy un promedio de 55 dólares por barril, y siendo que el presupuesto de este año tiene una previsión de 35 dólares el barril (el promedio de 2008 está en 80 dólares), se ha generado un excedente que, en su mayoría, alimenta el gasto público y los bolsillos de unos cuantos. De hecho, según Mercedes Freitas, presidenta de la sección local de Transparencia Internacional, Venezuela es uno de los países con más riesgo de corrupción en América Latina, por su escaso control legal y la liquidez que se maneja.

Los recursos orientados al gasto corriente han disparado un desenfrenado consumo que ha impacta las ventas de productos de lujo: automóviles, corbatería, carteras, vajillas y demás. Según Carreño, la tienda Louis Vuitton en Venezuela es "la más rentable en América Latina por metro cuadrado"; lo cierto es que algunos de sus accesorios, de damas principalmente, se encuentran agotados y con una enorme lista de espera.

Es que ahora la boliburguesía usa bolsos LV o Tous, bolígrafos Mont Blanc, relojes Cartier, maquillajes de Christian Dior, automóviles Ferrari o camionetas Hummers, y vive en quintas majestuosas, decoradas con mucho mármol, eso sí, con muros altísimos y cercas electrificadas para alejar miradas indiscretas o cámaras fotográficas.

Efecto Malula

Radio Rochela transmitía un espacio donde una humilde mujer, con lenguaje burdo y ademanes toscos, predicaba amar al cerro, porque ahí nació y creció, pero que con grandes ganas se mudaría al "contris clus". Este cuento de cenicienta se ha hecho realidad para muchos boliburgueses, incluyendo la madre del Presidente, quien hace 15 años no se imaginó que sus dedos podrían adornarse con anillos de oro, mientras su vista se protege del sol con exclusivas gafas Dolce & Gabana, tal como ha aparecido en fotografías sociales.

El escándalo de la maleta con 800 mil dólares ha mostrado un panorama de los gustos exquisitos de algunos empresarios vinculados presuntamente con el Gobierno. El multimillonario venezolano Franklin Durán –detenido en Miami y acusado de ser agente encubierto del gobierno venezolano– era un mecánico de familia humilde, hasta después de la huelga petrolera. Ahora, según las denuncias internacionales, tiene una casa de veraneo en Key Biscaine de 4,6 millones de dólares y carros de carrera de 600 mil dólares.

El marino mercante Wilmer Ruperti aprovechó la huelga petrolera para subarrendarle tanqueros a Pdvsa y, gracias a ello, le cambió la suerte. Se dice que se pudo dar el lujo de pagar 2 millones de dólares en una subasta por dos pistolas que pertenecieron a Simón Bolívar. Información que nunca ha sido confirmada por el empresario.

Huelgan los ejemplos de la fastuosidad de los boliburgueses a la hora de celebrar, y el ex diputado ahora ministro Pedro Carreño no escapa de esta realidad: las fotos de la celebración de los quince años de su hija, con un fastuoso espectáculo de fuegos artificiales, cantantes juveniles y banquete espectacular, han circulado profusamente por correos electrónicos y blogs de internet, sin contar las de algunos parlamentarios antiimperialistas fotografiados en Las Vegas o carreteando maletas rumbo a Estados Unidos, o entrando a exclusivas tiendas en la Gran Manzana. Para algunos es el socialismo más burgués que se ha visto en la historia.

Alicia La Rotta Morán



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