EXTERIOR

 

Moscú: capitalismo y publicidad

La capital rusa, otrora modelo de sencillez y recato, se resiste a occidentalizarse, a pesar de sentir al máximo el embate del capitalismo. Desesperadamente buscan regular la publicidad exterior que amenaza con opacar su historia



El negocio de la publicidad en Rusia manejó aproximadamente unos 8 millardos de dólares en 2007 y crece a un ritmo comparable al de su economía. Sin embargo, la falta de legislación apropiada ha llevado a la ciudad de Moscú a convertirse en una colección desordenada de avisos publicitarios, vallas y estructuras con fines promociónales.

La Plaza Roja de Moscú, símbolo indiscutible de la vieja madre Rusia, es quizá el último bastión de resistencia ante el embate capitalista que enferma a la ciudad. Rodeada por iconos del poderío ruso –como el Kremlin y la Catedral de San Basilio--, en la misma plaza se nota esa sensación de mezcla nada homogénea de historia y solemnidad con publicidad moderna y occidental, aunque en ella el efecto es menor que el que se siente en el resto de la ciudad.

Al traspasar los límites de esta área la presencia de vallas, algunas de gran formato, no dejan duda del buen momento que experimenta la economía rusa. Desde los mismos jardines del Kremlin, lugar de tantas historias temibles sobre la furia del dictador Stalin, la presencia de las marcas internacionales se hace presente. En los mismos patios donde los rusos hacen fila para admirar por unos segundos el cuerpo de Lenin, los turistas y locales pueden saciar su hambre comiendo hot-dogs en un carrito forrado en publicidad de Coca-Cola, que le podría hacer pensar a cualquiera que está en el Battery Park de Nueva York, esperando para ir a ver la Estatua de la Libertad. Apenas unos metros más allá, un flamante centro comercial, con más tiendas de lujo que un mall de Florida, ostenta un cartel de McDonald’s en su entrada, misma que lleva hasta el emblemático Metro de la ciudad.

Un par de cuadras más allá, y después de pasar por al lado de una valla gigantesca de más de 40 metros de ancho, varias vallas miniatura en la calle para evitar el paso de peatones y módulos de publicidad exterior con hasta 8 vallas diferentes, se llega hasta el famoso teatro Bolshoi, que el mismo Lenin usó en repetidas ocasiones con fines políticos. La estructura se encuentra en reparación, pero apenas se distingue su característico frente, cubierto por una valla gigantesca de Samsung.

El caos es tal, que aunque las autoridades están aplicando leyes para corregir este despropósito, estiman que alcanzarán su meta en algún momento antes de 2010. Según el alcalde Yuri Luzhkov, los edificios históricos en el centro de la ciudad, así como los monumentos culturales y arquitectónicos, son la prioridad de este plan.

Alcides León



Mamma rusa

No se trata de un restaurante italiano, sino del espectáculo sobre ABBA, Mamma Mía, el del hotel Mandalay Bay de Las Vegas. Y es que las calles de Moscú están plagadas de anuncios que invitan a espectáculos occidentales. En la época de ABBA es poco probable que sus canciones sonaran detrás de la cortina de hierro, y sin embargo, el espectáculo causa gran interés. Varios artistas internacionales copan la escena rusa. Y hasta cuentan con su propio HardRock Café, para rendirle culto al pop rock.

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