Notas
ENTREVISTA
"Hay verdades que hacen daño"
Para Javier Darío Restrepo, periodista colombiano y académico, la ética es un llamado a la excelencia personal y profesional. "Los mejores trabajos que he visto son los que se hacen con gran esfuerzo y sobre todo con una gran pasión por revelarle algo a la sociedad", comenta. Restrepo vino a Venezuela invitado por la Defensoría del Lector, de El Nacional
El periodismo en Venezuela ha dado cambios significativos, y sobre ellos las valoraciones sobran; algunos aseguran que el vuelco drástico en la profesión ha sido ocasionado por una sensibilidad difícil de ocultar ante la actualidad política y social. Para otros se pasó el límite entre el oficio de informar y la participación política. Así, la palabra ética quedó relegada al concepto que cada quien pretenda manejar en defensa de su manera de ejercer el periodismo. En todo caso, el periodista colombiano Javier Darío Restrepo, quien ejerce desde 1995 como maestro de ética de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, aborda para PRODUCTO este controversial asunto.
-¿Cómo influye en el periodismo lo subjetivo y lo objetivo dentro del concepto de ética?
-La excelencia no obedece a un criterio subjetivo, obedece a un hecho. La excelencia en periodismo no es sólo calidad técnica, es una gran calidad humana, lo cual implica que desde el punto de vista de la ética lo primero que se debe averiguar es para qué se hace periodismo. ?Hago periodismo para que circulen los periódicos o para aumentar un raiting? No. Se hace periodismo para servirle concretamente al lector, y el servicio que se le tiene que prestar a ese lector sigue ese reclamo de excelencia, y consta en poner en contacto a ese lector con la realidad, de modo que la entienda y que a partir de ese entendimiento pueda tomar decisiones libres para transformar esa realidad. Eso descarta de una vez el ser periodista solamente para hacer relaciones públicas a un partido político o a un gobierno o a una empresa. El amo, según la ética de excelencia, es el lector o el oyente, es decir, a ese es a quien se está sirviendo, ese es el que tiene que estar metido en la cabeza al momento de hacer una información. Cuando hay que describir una realidad política, por ejemplo, con todas las complejidades que implica, se debe oír a gente de distintas tendencias, hay que tener capacidad crítica para no tragar entero el discurso de las diferentes preferencias, y así resumir y participar a los demás de una manera agradable y comprensible lo que se ha entendido. Desde ese punto de vista el oficio se vuelve muy exigente.
-Cuando el reportero logra descubrir quién es el bueno y quién el malo, ?cómo debe manejar esa situación? Por ejemplo, en un escenario bélico.
-Hay una forma de no equivocarse y es presentar la información concreta. Se observa que de un lado se están haciendo cosas malas, entonces hay que decirlo, pero hay que decirlo de modo creíble. Deja de ser creíble cuando se le pone un sesgo o un tono apasionado. Tiene que ser una información verdadera, inmensamente equilibrada. Siempre hay que preguntarse qué está ocurriendo del otro lado para presentar ambas partes. Así se le da elementos de juicio al lector para que entienda y finalmente decida en libertad. Ese es el otro aspecto importante, se informa porque la información es la base para ser libre. Una persona que no tiene información no puede ser libre; ser libre es tener capacidad de escoger, y para eso hay que conocer. Lo que uno hace como periodista es darle una base de conocimiento a las decisiones libres de la gente. Al convertirse en propagandístico, sólo se dice únicamente lo bueno de aquello que se esté promocionando. El periodista no está para eso, está para decir lo bueno y lo malo. El que está del lado de Chávez o del lado antichavista ya se volvió un poco propagandista, porque sólo dirá lo bueno y el otro sólo dirá lo malo, y se le caerán los dientes si se atreve un día a decir lo contrario.
-¿Hasta qué punto es ético guardarse información para evitar un caos social o alguna situación similar?
-La verdad no es absoluta. La verdad tiene que estar subordinada al bien de la sociedad, y hay verdades que uno como periodista no debe decir porque hacen dano, de ahí viene el equilibrio entre verdad y responsabilidad. Hay verdades que no se pueden decir, pero está el problema de la exclusividad, y ahí es donde el periodista tiene que jugársela por sus principios.
-¿Se necesita vocación para ser periodista?
-El periodismo es una de las profesiones que tiene más alto componente de pasión, y esa pasión no es susceptible de cálculo. Es una de las que más exige estudios, sólo por el hecho de aprender a hacer piezas comunicables eso indica que tienes que estar leyendo a los mejores del oficio, a los mejores cronistas, a los mejores reporteros, y seguir leyendo continuamente, para aprender más técnicas, para enriquecer el lenguaje, y luego para informar con propiedad sobre la multiplicidad de asuntos que pasan por el escritorio del periodista; se necesita estar actualizado en un montón de cosas. Decía (Ryszard) Kapuscinski, autor que sigo muy de cerca y que me ha ensenado mucho, que cuando uno pretende escribir una página debe haber leído 100, para así hacer las cosas de modo creíble y sobre todo de modo útil para quienes van a leer los textos.
-Aquí en Venezuela se percibe como una profesión de fácil ejercicio, ¿a qué se debe eso?
-Eso parte de la universidad, en mi país ya está pasando un poco, pero hubo una oleada de estudiantes que llenaban las facultades de comunicación, porque el periodismo no necesita matemática y por lo tanto es una forma fácil de ganarse la plata y de volverse famoso. Es por los estereotipos que se crearon, pero eso está pasando, sobre todo porque salió mucha gente de esas universidades con esa idea y no encontraron trabajo, y a los que encontraron se les pagaba mal; tampoco se volvieron famosos. Lo que no saben es que es una profesión muy exigente, y que para triunfar lo primero que hay que hacer es sacarse de la cabeza la idea de ser estrella. El éxito propio de la profesión lo alcanza el que se dedica a servirle a su lector. Allí es donde comienza el buen trabajo, si por el contrario el trabajo se hace pensando en los triunfos personales, el resultado siempre será mediocre.
-¿Cree que aquí en Venezuela los periodistas saben por qué están haciendo periodismo?
-Hay un problema con la profesión tanto en Venezuela como en Colombia. La Fundación Konrad Adenauer y la Universidad Javeriana hicieron una encuesta entre 400 periodistas de distintas ciudades del país (Colombia) y una de las preguntas fue "¿usted para qué es periodista?", el 30 por ciento admitió que no sabía. Eso da un indicio de lo que es la situación en Colombia respecto a esto. Probablemente si se hiciera en Venezuela habría una respuesta similar. El esquema que tenemos en Colombia es: facultades de comunicación-periodismo; en los 5 primeros semestres los aspirantes ven los mismos asuntos de publicidad, de relaciones públicas, periodismo institucional, de comunicología, y sólo después, cuando ya han recorrido más de la mitad de la carrera, viene lo que se llama los énfasis (las menciones). Ya se han pasado 6 semestres en los que se han visto generalidades, las cuales no le sirven para ser periodista; cuando sale ya profesional, pues como vio publicidad, vio relaciones públicas, si le va mal en periodismo, da un brinco y de pronto ahí puede ganar plata. Un periodista así, no se ha preguntado nunca para qué hacer periodismo, si no que se está preguntando para qué me sirve a mí el periodismo.
He llegado a comprobar, a fuerza de tratarlo con cantidades de periodista, que los problemas éticos que se le forman al periodista son en gran parte debido a una falta de identidad profesional. Es decir, no saben si son publicistas, si son relacionistas públicos o si son propagandistas o comunicólogos; no lo saben. Así no se puede ejercer la profesión. No hay claridad sobre para qué se es periodista. Por eso es muy importante lo que se está haciendo en todo el continente; soy testigo de eso. Los periodistas están buscando cada vez más tiempo para pensar en su profesión, es indispensable uno o dos días que se dediquen al ano a oír, a tomar un curso, un seminario o un taller en que se piense en la profesión, y cuando se entra a pensar en la profesión, la experiencia que he tenido es que, con mucha frecuencia, cuando termino un taller, la reacción de la gente es agradecerme porque ahora sí entendió su profesión. La reacción general es la de un entusiasmo grande por la profesión cuando se entiende cuál es la nobleza, la importancia, la trascendencia social que tiene. Parece elemental que quien esté haciendo periodismo todos los días sepa para qué es, pero no siempre lo saben.
Carjuan Cruz
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