Se dio a conocer al cruzar una meta pero, a lo largo de sus 35 años, son muchas las carreras en las que Maickel Melamed ha participado saliendo victoriosoEl 6 de noviembre de 2011 se convirtió en figura pública, al completar el maratón de Nueva York, pero las hazañas de Maickel Melamed comenzaron mucho antes, el 27 de abril de 1975, para ser precisos. Ese día sobrevivió a un parto complicado, en el que casi muere ahorcado por el cordón umbilical. Por varios minutos su cerebro dejó de recibir oxígeno. Paulatinamente, se puso de pie, caminó, corrió, participó en carreras, llegó hasta la cima del pico Bolívar, buceó y se lanzó en paracaídas, pese a que los exámenes médicos decían que sus músculos eran tan débiles que no lograrían sostenerlo. Se graduó de economista en la Universidad Católica Andrés Bello, vivió en Londres, se especializó como psicoterapeuta Gestalt y fundó una empresa, aunque los especialistas le habían vaticinado una vida corta o un devenir que jamás sería normal. Parece que la palabra imposible no figura en su vocabulario; su mente ni siquiera ha logrado procesarla.
Quienes lo conocen aseguran que es un hombre tenaz, capaz de generar cambios, de transformar entornos, de sacar lo mejor de cada quien. Quizás, consciente de esta virtud, ha dedicado los últimos 10 años de su vida a cambiar pensamientos individuales y colectivos, a través de Maickel Melamed, su compañía. Como coaching o asesor, su meta es alinear pasiones y talentos en empresas o personas valiéndose de un mensaje inspirador y de su propio ejemplo de perseverancia.
—Con diagnósticos y pronósticos en contra, usted salió adelante. ¿Qué lo impulsó?
—Una característica muy importante, a la hora de emprender cualquier desafío, es mezclar la ingenuidad con la pasión, las ganas y el coraje, es decir, el entorno siempre te va a decir algo, pero no quiere decir que te sentencie. Una cosa que hoy en día pasa mucho es que la gente transforma el entorno en sentencia. Nosotros (él y su familia) lo que hicimos fue rechazar todo lo que estaba preestablecido en función de una meta. Siempre digo que la meta está por encima del conocimiento y, cuando ponemos al conocimiento en función de esa meta, ya no aparecen los “qué” sino los “cómo”. La primera pregunta es qué, y una vez que la decides, te preguntas cómo.
Si nos quedamos con lo que nos da el entorno para hacer, probablemente, seamos uno más; en cambio, cuando tú decides qué hacer y luego usas el entorno en función
de esa meta, es distinto.
—¿En qué cree?
—Yo creo en todo. Yo creo en lo que quiero, creo en lo que soy. Creo en el ser humano, en su potencia. Creo que cada una de las personas poseen virtudes y talentos, y están ahí solamente esperando un empujón que, a veces, son técnicas o herramientas que les permitan sacar de dentro de sí ese potencial que tienen guardado.
—¿Cuál es su mayor fortaleza?
—La capacidad de percibir en el otro mi propia posibilidad. Creo que, justamente, nosotros generamos triunfo, y es porque sabemos ver en nuestra debilidad la posibilidad de compenetrarnos con el otro. Igual nuestra fortaleza es la posibilidad de complementar al otro en lo que no tiene.
—Siempre habla en plural, desde el nosotros, usted y quienes lo han acompañado. ¿Qué tan importante ha sido el trabajo en equipo?
—Yo tengo la posibilidad de vivir en equipo desde la cotidianidad. La vida me enseñó, de manera evidente, la necesidad del otro, ya no partiendo de una necesidad básica, sino como una necesidad para trascender, desde las cosas más cotidianas hasta las más grandes. Yo puedo percibir la posibilidad de equipo por doquier, y puedo también acompañar a ese equipo, sea cual sea, hacia su máximo potencial, porque la vida me dio ese privilegio de ver en los detalles cómo aportar esa diferencia a una meta común.
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