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La vida por internet

Lunes 29 de Agosto de 2011 15:34
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El mundo 2.0 es a la vez fascinante y peligroso, pero hay algo que nadie puede dudar: sus herramientas se han hecho fundamentales en el desarrollo de esto que se llama vida moderna, tan afectada por las nuevas verdades digitales, que ya es imposible sustraerse a sus códigos, impuestos en un abrir y cerrar de ojos.

Ayer nomás se inventó el fax y la gente pensó que era la última frontera. Hoy casi nadie lo usa, que no sea porque –dicen– es “más seguro” mandar por fax que por internet un número de tarjeta de crédito o un documento privado. Pero el día que un hacker diga bingo se acabó ese mito.

La educación a distancia era por correo postal y hoy vibra en la red; en medicina hay cirugía por computadora y es apenas una muestra –muy sofisticada– del andar de la robótica, vital incluso más allá del planeta;  la inteligencia artificial avanza tanto que la investigación es algo ya “más que humano”; en materia de tecnología acoplada al confort los avances son siderales y ni se diga en relación con la ciencia. Pero, donde la vida diaria se ha visto más modificada, es en dos áreas que son la razón de ser de esta revista: el mercadeo y la comunicación.

Va quedando atrás la era post industrial y el mundo de los negocios ya no incentiva su dinamismo en la fabricación de los productos. Es lógico: no se puede hacer mucho más por la calidad cuando la mayoría de los bienes son de obsolescencia programada (quiero decir: su vida útil es tan razonablemente corta, como para obligar al usuario a comprar otro). Por eso lo importante se afinca en la forma de publicitarlos, promoverlos, distribuirlos, venderlos y entregarlos, sin olvidar el servicio post venta, que de hecho se cobra junto con la venta. Así, el consumidor queda integrado a la producción en serie, del principio al final de la cadena.

¿Cuánto tiene que ver en esto la web 2.0? Pues todo. Ella es la que permite no solo la integración del individuo y su participación, democrática y sin límites, en el espíritu de los cambios, en el devenir informativo, político, social, sino también en creación y venta de productos y servicios que –magia– pueden ser reales, pero también virtuales, sin perder utilidad. Así lo imaginó un señor llamado Tim O`Reilly hace apenas seis años, en lo que no fue un nuevo avance tecnológico, sino algo mejor: la definición de un mundo nuevo, en el cual vale pensar y actuar alrededor de la web, para transformar la realidad.

O`Reilly fue cuestionado por otro Tim: el británico Timothy Berners-Lee, padre de la world wide web en 1989. Dijo que “era solo una jerga”. Pero los acontecimientos diluyeron la polémica: hay un mundo que muta con reglas en cambio permanente y negocios que evolucionan más rápido que Speedy González, gracias a plataformas participativas de redes sociales, con dinámicas que se recrean, soportando exitosamente las ideas más revolucionarias en servicios, ventas y publicidad –viral o de la otra. Es la persuasión de tú a tú. Algo más que una jerga, obviamente.

Desarrolladores y usuarios están hoy en una simbiosis tan fuerte como la que afecta a medios,  periodistas y público. Un tipo con un teléfono en medio de un tiroteo filma y publica. Los grandes medios siempre lo reproducen. Un muchachito con una laptop manda un mensaje y otros miles hacen clic. Cae un gobierno. ¿Quiénes son los héroes? Se acabaron los mitos. Lo único vigente, si hablamos del pasado, es que el viejo Marshal Mc Luhan tiene hoy más razón que nunca: el medio es el mensaje, porque el mensaje tiene mil medios. Lo digo en Facebook, Twitter, en mi blog, en tu página, en la web de PRODUCTO o en la de cualquiera que quiera. Y a veces aunque no quiera.

Hago amigos que nunca vi. Veo la vida de los otros en mi pantalla. Divierto, convenzo, vendo. Me vendo, me convenzo, me divierto. Y además el wi-fi vive y la nube está conmigo y contigo. Interacción es la palabra. Servir contenido que sirva. Para informarse, para vender, para producir, para promover… aunque sea solo sensaciones, que no es poco. Mejor dicho: que ya es mucho. Más aun cuando hace nada se decía que en internet no era ético hacer publicidad. Qué ridículo. Claro que es ético, como lo es hacerla en radio, cine, prensa o televisión. Lo que en todo caso sería útil es que hubiese algunas reglas. Pero no se apuren. Tranquilos. Esas reglas vendrán de la mano de esta dinámica colosal de la 2.0 que mañana se llamará de otra forma, seguro, porque en ella lo único que permanece es el cambio.

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