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Precandidatos contra la anomia

Viernes 16 de Diciembre de 2011 16:11
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El próximo 12 de febrero serán las primarias de la oposición y los cinco postulantes que participaron del debate televisado del 14 de noviembre –María Corina Machado, Henrique Capriles Radonski, Leopoldo López, Pablo Pérez y Diego Arria– arrancaron campaña con una propuesta que luce inteligente: evitar que Hugo Chávez y el chavismo aparezcan en el centro de su propaganda política. 

Ni lo mencionan, a salvedad fugaz de López, en una de sus cuñas, tomadas de su discurso de lanzamiento, desafía al Presidente. Otra excepción fue Arria, que hasta el cierre de esta nota no tenia propaganda como tal, pero atacó duro al gobierno en el debate y denunció enseguida a Chávez por crímenes de lesa humanidad ante la Corte Penal Internacional de la Haya. Fueron sus acciones publicitarias más notables. Pero es el único confrontador hasta ahora.

La propaganda de Leopoldo López y María Corina Machado es más personalista. Ella con su lema “Viene María” (decidió desligarse de su valioso pasado en Súmate y no hace énfasis en su carácter de diputada) arremete con el concepto  “capitalismo popular”, que está bien como mensaje si no hay que explicarlo como filosofía. En algunas imágenes no luce todo lo natural que sería deseable. López hace demasiado énfasis en su habilitación por la Corte
Interamericana de Derechos Humanos y en los obstáculos que sorteó. Una cuña que lo muestra saltando escritorios, computadores y sillas no es nada feliz. Sus asesores no le han encontrado la vuelta todavía.

Pero el objetivo comunicacional de la mayoría es vencer, primero a otro gran enemigo: la anomia política instalada en Venezuela. Y en eso trabajan mejor quienes se suponen con más chance: Pablo Pérez y Henrique Capriles, dedicados más que los otros a “despertar” a la gente del letargo, la desilusión y la desesperanza. Sacarla de la trampa de la abulia política,  en la cual Venezuela cayó por graves errores de la oposición y el trabajo premeditado y sistemático del gobierno, que hizo retroceder al país movilizado del pre y post carmonazo, para hundirlo en un falso paradigma: que el socialismo del siglo XXI es irreductible e irreversible. Que contra él no se puede.

La estigmatización de la cuarta república y el descrédito de la democracia y la política ayudaron en la Misión Demolición, que desnaturalizó las bases sociales, el Estado y sus instituciones, con el apoyo de una mayoría heterogénea de chavistas y opositores, que engendró una categoría bucólica y descomprometida: los ni-ni.

Contra todo eso va la propaganda. La campaña de Capriles pivotea sobre la frase “Hay un camino”, que escrita sobre la bandera es el concepto más fuerte logrado hasta ahora. Las cuñas hablan de esperanza, respeto, solidaridad, unión, trabajo, superación y un ingrediente muy feliz: progreso; evitando toda confrontación e insistiendo en “el camino del diálogo para vencer a la intolerancia”.

Pablo Pérez incita a “creer en Venezuela” yendo “de la mano con la gente”. Sus palabras clave son “unidad, inclusión, seguridad”. Aunque en una toma de su cuña abraza fuerte a una mujer con franela roja y emblema chavista –poderosa imagen– a veces se nota forzado, falto de soltura  en su accionar con la gente. Falla “de cerca”, en besos y abrazos. Pero eso se aprende.  Las cuñas de casi todos, por cierto, apelan al viejo recurso efectista de alternar en los barrios.

La propaganda de Pérez y Capriles insiste en valores que se suponen perdidos, añorados en la Venezuela actual.  Pérez se atreve más –y toma indudable riesgo– al poner a su provincia como vértice nacional y reivindicarse como gobernador; habla de “un buen presente para tener un  buen futuro” y grita a voz en cuello en el final de una cuña “¡contais con nosotros!”. En otra toma, sobre la franela de un simpatizante, se lee “En el Zulia Venezuela es grande”. En un spot autobiográfico, Pérez levanta la bandera de los valores familiares (como “hijo, hermano, esposo y padre”), pero también rescata su origen en “una humilde familia andina”. Ojo: en Venezuela nunca presidió un zuliano… pero sí varios andinos. Entre ellos su homónimo Carlos Andrés, un emblema de la cuarta detestado por el chavismo. Y es de recordar que Pablo Pérez se exhibió sin tapujos en la misa de exequias de CAP, donde no se atrevieron López o Capriles, quizá porque quieren conquistar el voto de chavistas descontentos con la gestión del gobierno.

Pero de eso ningún spot habla ahora. Todos se dirigen al ciudadano, sin toldas, colores ni ideología. Aunque tomar partido será vital pasadas las primarias y habría que estudiar si no conviene –subliminalmente–  hacerlo desde ahora, pues las primarias son abiertas. Es decir, los chavistas, si quieren, votan. Un  detalle no menor. Cualquiera sabe que los rojos rojitos no son extraterrestres: fueron en otra época blancos y verdes, guanábana pura (salvo los muy jóvenes). 

En las propagandas impera el voluntarismo, la esperanza y la idea de sumar votos detrás del regreso a los valores y un deseo de estar mejor. Asoma también muy clara la noción del futuro colectivo. No es poco, en verdad: un buen primer paso para acabar con la infeliz y corrosiva anomia, que es lo primero a vencer.
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