Todas las mediciones de tráfico lo confirman: tengo un fiel lector en KazajstánLa primera vez que en el Google Analytics se reflejó la visita desde Kazajstán, pensé que se había tratado de un error de navegación. Los buscadores te llevan a cualquier lugar y así como a veces uno abre una página que está escrita en caracteres que sabrá usted qué dicen, me imaginé a un kazako abriendo mi página y preguntándose en qué extraño idioma estaba escrito lo que veía. Pero no solo el tiempo de esa visita desmintió mi primera impresión, sino que las visitas comenzaron a repetirse con regularidad. A los pocos meses estaba claro que mi lector kazako era todo un habitué.
No sé si mi lector en Kazajstán es un nativo o un extranjero residenciado en el país, y de Kazajstán lo único que he leído es lo que dice Wikipedia. Tampoco sé cómo llevar la relación a un segundo nivel. Si publico un libro, no hay editorial que me ofrezca un plan de distribución y promoción para llegarle a él y a mis potenciales otros lectores kazakos. Si doy clases o un seminario, muy difícilmente mi lector kazako podrá estar entre los asistentes. No sé cómo escribir un post para venderle algo que necesite ni cómo utilizarlo como puente para incrementar la presencia de mi marca personal en el suroeste asiático. Y sin embargo, ahí está, ingresando a mi página, leyendo lo que escribo e influyendo en lo próximo que voy a postear porque se me ha vuelto muy difícil escribir sin pensar en las posibles reacciones de mi lector kazako. ¿Leerá alguno de los libros para niños que recomendé? ¿Compartirá mi opinión sobre cómo actuar frente a los mensajes de social media? ¿Se habrá reído con mi chiste donde Moisés baja del monte Sinaí presentando una tableta con su nuevo sistema operativo? ¿Sabrá quién fue Moisés? ¿Por qué nunca ha dejado un comentario? ¿Qué tengo que escribir para que el lector kazako comente?
Podría calificar de superficial mi relación con el lector kazako. Después de todo, no sé nada de él, salvo que es fiel y consecuente. Sin embargo, ese es un conocimiento mayor del que otros tienen de sus clientes del mundo real, acostumbrados a verlos como masa agrupada en nivel socioeconómico o en grupo etario. En el mundo real, el lector kazako jamás habría existido pues un estudio de mercado muy difícilmente lo hubiera considerado parte de la muestra. Por estar en la web 2.0, mi lector kazako está presente, sé que lee apenas actualizo o pocos días después y si un día decide no regresar sabré exactamente la fecha y hora en que lo perdí y podré echarle toda la culpa a ese post que nunca debí haber publicado. Ese día tal vez escriba un manual titulado “Cómo no perder lectoría en las exrepúblicas soviéticas”.
La presencia es lo que realmente define a la web 2.0. Personas que están presentes en tuits, en estatus, en comentarios, en feeds, personas que comparten, dan like y hacen RT, personas que reaccionan, interactúan y que brindan la oportunidad de acompañarlas en todo momento y lugar, personas que están ahí hablando de sus intereses y conversando con otras personas de manera directa o a través de un post. Yo soy y quiero seguir siendo una de esas personas. Mis buenos amigos lo saben y me siguen, también lo sabe y me sigue mi lector kazako y probablemente también lo sepa ese bloguero mozambiqueño que al ver su Analytics no puede evitar preguntarse quién soy yo que siempre lo visito.






