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OPINION Valoración de la propiedad industrial Carlos Alberto Arroyo del Río
Las varias formas de propiedad intelectual, como patentes, signos distintivos y derechos de autor, constituyen el fundamento para el dominio de mercados y la continua obtención de ganancias, por lo que muy a menudo son el objetivo principal de negociaciones. Los derechos sobre estos bienes intelectuales son reconocidos por los beneficios económicos que de ellos se derivan. A nivel mundial, las empresas están licenciando, franquiciando, suscribiendo joint ventures, los bancos aceptando estos activos como garantías, las compañías como aporte de capital y las bolsas de valores incluyeron en su mercado a estos intangibles, de ahí la importancia de tenerlos debidamente valorados. Se podría decir que el valor de la propiedad industrial radica en el derecho de su explotación exclusiva, protegida por razones de orden público económico. Así, el valor de un bien intelectual está en su capacidad de generar flujos de venta. Es decir que, potencialmente, el valor de estos intangibles en una empresa puede llegar a superar el valor de los bienes tangibles. Existen diferentes técnicas de aplicación general para la valoración de estos bienes intangibles, a saber: Enfoque de mercado: es la más directa para cuantificar el valor presente de beneficios futuros, mediante el análisis del intercambio de bienes comparables en un lapso determinado, para lo cual se requiere un mercado activo y público. El mercado de bienes raíces es un buen ejemplo donde se observa la existencia de estos dos requisitos en un mercado determinado (área geográfica), en el cual los precios son públicos y pueden realizarse comparaciones razonables.Técnica poco utilizada para valoración de bienes intelectuales. Enfoque de costos: Busca valorar los futuros beneficios económicos mediante la cuantificación del dinero requerido para reemplazar la capacidad de servicio del bien (costo de reposición). Este enfoque se sustenta en que el precio de la nueva propiedad debe ser proporcional al valor económico del servicio que la propiedad puede ofrecer, tomando en cuenta la depreciación que resulta de la obsolescencia aplicable a dichos bienes intelectuales. Obsolescencia funcional: Se refiere al grado en el cual un activo puede realizar las funciones para las cuales fue creado con respecto a uno más moderno. Los bienes intelectuales no sufren de este tipo de obsolescencia, pero tal vez sí en cuestiones de forma y estilo, por esto sus titulares están continuamente actualizando su presentación. Por ejemplo, la obsolescencia de un lema "sin plomo" para identificar combustible, una vez que en la actualidad casi ningún combustible contiene plomo, a diferencia de épocas anteriores en las cuales el combustible sin plomo representaba una ventaja competitiva. Obsolescencia funcional: Es la determinante del valor de los activos intangibles, pues constituye un concepto basado en el hecho de que un bien intelectual alcanza su íntegro valor de mercado solamente cuando es capaz de contribuir con las ganancias de dicho negocio, y cuando dichas ganancias pueden proveer una tasa de retorno razonable. Esta obsolescencia refleja el efecto de factores que se encuentran fuera del bien en sí mismo, esto quiere decir que el valor de mercado de un activo puede ser significantemente degradado con base en la economía del negocio sobre el cual existe, a su capacidad de generar beneficios y al hecho de que estos activos intangibles tienen poca funcionalidad en un ámbito diferente al negocio en que se desarrollan. Por ejemplo, el valor de un bien intelectual dentro de un proceso de liquidación (ya que existe la necesidad de rematarlo) o venta de un negocio que genera pérdidas (en el cual importan más los bienes tangibles), necesariamente será inferior a aquel obtenido para celebrar contratos de licencia (ya que su éxito garantiza beneficios económicos) o presentarlo como garantía para un préstamo, precisamente por constituir un bien valioso. Enfoque de ingresos: Partimos del punto de que el valor de mercado de un activo intangible puede ser expresado como el valor presente de los futuros beneficios económicos que se derivarán de la propiedad de este. Se tiene entonces como base en este enfoque, una posición monopólica en la cual un negocio es capaz de recibir un margen mayor de ganancia con respecto a los costos estandarizados de productos similares, esto se logra a través de un bien intelectual; como, por ejemplo, la marca y lo que ella representa con base en su posicionamiento, a la cual se atribuyen estos ingresos. Esto hace que el enfoque de ingresos sea una fuerte herramienta de cálculo. Así, un ordenador IBM puede costar más que uno tecnológicamente idéntico pero identificado con una marca menos conocida, y el consumidor está dispuesto a cubrir esta diferencia. Todo esto nos permite concluir en la importancia de considerar los bienes intelectuales como verdaderos activos y potencial fuente de ingresos gracias a sus varias formas de explotación, para lo cual se vuelve imprescindible el valorarlos económicamente.
Asociado de la firma Falconi Puig Abogados |
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