A fondo

La RSE ante el abismo de la historia

Mancillada por las múltiples taras que se le atribuyen, la economía de libre mercado ha encontrado en el socialismo del siglo XXI un obstinado oponente. Del otro lado, la centuria avanza y ve nacer la tesis de un capitalismo espiritual, en el que la RSE -así parece- viene a ser una suerte de evangelio

La globalización es hoy, al tiempo que especie de prodigio de la omnipresencia capitalista, una realidad incontrovertible. Aún así, y con mucho, no es menos verdadero que ese mismo modelo capitalista generaría a lo largo de todo el siglo pasado una ristra de taras y deficiencias estructurales, que se evidencian en indicadores muy concretos, y a la vista de todos, como el alarmante porcentaje de la población mundial que vive con un ingreso menor al dólar diario (en todo el mundo -la tendencia es regresiva- el número de personas en países en desarrollo que viven con menos de 1 dólar al día descendió a 980 millones en 2004, de 1.250 millones de personas en 1990, según data de las Naciones Unidas), versus la opulencia ciclópea que se desborda en las arcas de unas pocas familias, fenómenos acuciantes como el calentamiento global, o bien escándalos estridentes de mala praxis corporativa, verbigracia los sonados casos de Enron, Nike o Parmalat. En este orden de ideas, y si bien para casi todo el mundo académico serio de Occidente el Muro de Berlín arrastró tras de sí los últimos vestigios de la apuesta socialista del siglo XX, al ser derribado a mazazos en 1989, todas esas anomalías vinculadas al capitalismo acabaron por arrojar sobre la política de libre mercado un velo de dura denuncia y sensible cuestionamiento, sobre el cual vendría a estribar una nueva escalada de la izquierda, encarnada en estas tierras -delimitemos el tema- por la figura del comandante Hugo Chávez, que hace avanzar con fuete desde el Gobierno la tesis de un socialismo del siglo XXI.

A la par, y desde el corazón contrito del propio capitalismo, lo que acaso sea un "ultra mediado" mea culpa o el verdadero acierto de la inteligencia económica del milenio: la responsabilidad social empresarial (RSE). Es decir, las voces en el horizonte de aquellos que anuncian la buena nueva del advenimiento de un capitalismo solidario, moral, o espiritual. No se puede hacer negocios en entornos devastados por la desigualdad y el hambre; el empresario está llamado -cómo no- a maximizar su ganancia y la de los accionistas, pero también a contar muy bien los pasos que separan su propio beneficio del bienestar colectivo. En la viscosa madrugada de esa discusión se juegan el pellejo así las nuevas izquierdas, como los noveles proponentes del emprendimiento individual.

El fin del capitalismo

En este sentido, Juan Carlos Monedero, politólogo y sociólogo español de 45 años, profesor titular de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid, y responsable del Departamento de Formación del Centro Internacional Miranda (CIM) -especie de think tank de la revolución bolivariana-, establece de entrada que la meta a largo plazo del socialismo del siglo XXI es nada menos que "desmontar el capitalismo".

De este modo, "el socialismo del siglo XX ha brindado una carta de navegación al socialismo del siglo XXI" -echa las bases Monedero-. Lo anterior -explica- se resume en cuatro grandes pilares o verdades: el socialismo del siglo XX fue "heroico, paró los pies al nazismo"; asimismo, fue "eficiente: sacó a países de la Edad Media o del feudalismo, y los trajo a la modernidad, como ocurrió con Rusia o China". No todo son antecedentes positivos, sin embargo, y así el socialismo del siglo XX habría sido también, a decir de Monedero, "terrible", pues tuvo "el Gulag, tuvo campos de concentración, o hizo muros para que su población no se fuera. en definitiva, no confiaron en el pueblo, y creo que esa es la base de su fracaso". El cuarto y último elemento es que el socialismo del siglo XX fue "ingenuo", ya que "pensó que bastaba asaltar todo el aparato del Estado para poder regular toda la sociedad; pero en segundo lugar fue ingenuo porque pensó que nacionalizando los medios de producción iba a poder satisfacer la necesidades sociales. y en tercer lugar fue ingenuo porque creyó que un único partido podía representar toda la pluralidad social. y un cuarto elemento, que es muy importante para el caso de Venezuela, fue ingenuo al creer que lo que había servido para Rusia o para China podía exportarse al resto del mundo". He ahí el ABC: "Con esta carta de navegación uno se pone en marcha", visualiza el joven académico.

No obstante, deja claro que antes de asistir a un estadio operativo y funcionalmente activo del socialismo del siglo XXI debe transitarse una fase previa -"uno no se acuesta capitalista y se levanta socialista", arguye- de desmontaje de mitos y creencias argamasadas en la conciencia de los pueblos. Esta fase de transición carece de dead lines y por lo tanto puede durar tanto tiempo como sea necesario. "La articulación del socialismo es una utopía con los pies en el suelo. El pueblo no come ideas. si el capitalismo satisface mejor que el socialismo las necesidades sociales, la gente va a abrazar el capitalismo", advierte. Cuando se le sugiere el término "capitalismo salvaje" utilizado en su momento por Juan Pablo II, dice que se le enfrenta a un oxímoron: "Es como hablar de un cura lujurioso", rebate. Asimismo, sostiene que es imposible que una empresa capitalista cumpla a cabalidad con todos los postulados y estándares de una gestión socialmente responsable, ya que -dice- dejaría de ser capitalista, es decir, resultaría eyectada por el mercado. He ahí -opina- la urgencia de un nuevo socialismo para el siglo XXI.

Socialismo inviable

De su lado, y apostado -en términos ideológicos- en la acera de enfrente de Monedero, el doctor en Economía con postgrado en Filosofía, Emeterio Gómez, parte del principio de que "no puedes derivar de todas las dificultades que tiene el capitalismo el pasar a otro modelo de sociedad, porque tendrías que darle un sustento a ese modelo que no sea la crisis del capitalismo. La conclusión podría ser más bien que hay que hacerle ajustes y correcciones al capitalismo, pero la respuesta podría ser también la anarquía y el caos en la humanidad. La respuesta podría ser también la inviabilidad de la humanidad, porque el comunismo y el socialismo son conceptualmente inviables", fustiga el veterano intelectual.

Y se explica: "La caída del Muro de Berlín, la caída del socialismo, y, más que todo, la conversión de China de comunista en capitalista, lo que está mostrando es que hay deficiencias en la estructura básica del modelo, que lo hacen inviable. No es que fracasó por deficiencias humanas, ni porque tenían que confrontarse con el capitalismo, y eso impedía que su potencial se desarrollara. No. Fracasó por razones absolutamente contundentes, por deficiencias en la estructura", delimita.

Pero Gómez puntualiza aún más: "No estamos hablando del socialismo sueco, ni del socialismo del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), ni el socialismo del Partido Socialista de Chile. Eso no es socialismo. Son usos laxos del término, porque a nadie se le ocurriría pensar que los socialistas en España están planteando un modelo de sociedad distinto del capitalismo, ni a (Michelle) Bachelet se le ha ocurrido pensar, ni en sus momentos más delirantes, un nuevo modelo de sociedad. Todo eso que se conoce como socialismo es capitalismo con rostro humano, capitalismo suavizado, capitalismo -como lo escuché en estos días- espiritual".

Desde la perspectiva de este ex militante del MIR y del MAS, "la idea de la teoría del valor-trabajo de Marx, de la cual deriva la teoría de la plusvalía, de la cual deriva -a su vez- la teoría de la explotación del hombre por el hombre, es una bobería... no tiene ningún sustento real... la idea de que todo el valor que genera la humanidad deriva del trabajo es una pendejada, no tiene ningún sentido", declara sin ambages. "Lo cual no quiere decir que no haya explotación en las condiciones de trabajo: si tú pones a trabajar a niños en las minas de cobre, eso es explotación, pero eso no tiene nada que ver con el marxismo", apunta.

En suma, y en términos más materiales, Emeterio Gómez estima que "antes del 2 de diciembre de 2007 (fecha en la cual la opción del NO ganó a la opción del Sí en el referendo aprobatorio de la reforma constitucional propuesta ante la Asamblea Nacional por Hugo Chávez el 15 de agosto de 2007) tenía sentido pensar en un movimiento global de reivindicación del marxismo y el socialismo. Eso conectaba con Evo Morales y conectaba con el eje más problemático todavía, que es la conexión del radicalismo fanático musulmán, con la reivindicación del totalitarismo en Rusia, y todo eso formaba un tinglado en el cual parecía que Chávez llevaba la voz cantante... El 2 de diciembre liquidó virtualmente la posibilidad chavista", sentencia, dando por rematado el asunto.

Por la vía del medio

Finalmente, el presidente del Consejo Nacional de Economía, Efraín Velásquez, ofrece un punto de vista del asunto un poco más "sobre la tierra". De entrada, establece que la discusión entre capitalismo solidario y socialismo en nuestro país evidencia "una profunda ignorancia del tema económico técnico. De ambos lados: desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda".

Velásquez argumenta que "toda la discusión de la extrema derecha se basa en un modelo económico que, en su versión más extrema, depende de cuatro cosas fundamentales, y que produce la mayor cantidad de bienes posibles, a los precios más bajos: primero, que todos los productos sean homogéneos; dos, que todos los participantes de esa sociedad no sean suficientemente grandes para afectar el resultado; tres, que todos los participantes tengan información completa de lo que ocurre en esa sociedad, y cuatro, que todos los participantes tengan libertad de entrada y salida de sus actividades, en cada momento". ¿Qué ocurre en realidad? El economista dice que "ninguno de esos puntos se cumple. Así, si basas una estrategia económica en esa visión. la economía no va a generar esos resultados (más cantidades, precios más bajos). porque las cuatro condiciones fundamentales no se cumplen en cualquier sociedad". Velásquez resalta que cualquier estrategia económica debe estar eslabonada a un cabal conocimiento previo del entorno específico.

Ante una estrategia económica que no generó los resultados esperados, "caigo en el otro extremo, y tengo que intervenir. Acá viene la parte de la izquierda, dónde el tema central es que para poder obtener los resultados socialmente justos, es decir, mayores cantidades a menores precios, lo que tengo es que promocionar una estrategia en la cual se promueva la intervención (gubernamental) para bajar los precios y se busquen mecanismos o artificios para tratar de incrementar la producción". El especialista dice que el asunto medular, en este punto, es que la única manera en que las autoridades tratan de alcanzar ese resultado es "afectando la estructura de incentivos de la sociedad. Te condiciono el margen de beneficios, muchas cosas, y eso es lo que en economía se llama estructura de incentivos".

Por lo tanto, el experto advierte -para cerrar- que "al final lo que estamos afectando es la innovación, la libertad, y la libre determinación de los individuos... Al final, ambas opciones terminan en resultados que no son sostenibles... entonces, ¿cuál es la realidad?... la realidad está en el medio". El asunto es: ¿se llama RSE ese punto medio? Sólo el tiempo puede demostrarlo.

Alejandro Ramírez Morón

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