A fondo

Sembrar... hasta la última gota

Señaladas por ser las principales causantes de los más grandes problemas y desastres ambientales, las industrias extractivas, en particular las petroleras, han cultivado una tradición de inversión social que, en Venezuela, las han convertido en verdaderas palancas de un desarrollo sustentable

La explotación de varios pozos petroleros a lo largo y ancho de la geografía nacional ha dado lugar a la extracción de otro recurso no renovable que pinta de verde el suelo y cuya viscosidad ha permitido levantar sólidos cimientos, sostenibles en el tiempo, en diferentes comunidades del país.

Se trata de una variedad del oro negro, de apariencia no menos abstracta que el petróleo que subyace en esta Tierra de Gracia, que con abundancia en calidad humana e importantes cantidades de dinero ha tenido la particularidad de crear valor y generar esa energía dinamizadora para que pequeños grupos de la sociedad venezolana ahora puedan suplir algunas de sus principales necesidades: salud, educación o infraestructura, y vivir en mejores condiciones ambientales, gracias a la ejecución de unas mil obras y programas de inversión social, así como desarrollo sustentable.

Esta labor ha sido realizada por las más de 20 empresas que conforman la Asociación Venezolana de Hidrocarburos (AVHI) desde 1992, fecha en la que se dio inicio a las primeras rondas de la apertura petrolera para el desarrollo de campos marginales.

Desde entonces, las empresas privadas nacionales y foráneas que acometen proyectos petroleros y gasíferos en el país no sólo han evolucionado en el negocio, sino también en la estructuración de un modelo de negocio que tiene como premisa la responsabilidad social empresarial (RSE), y que aplican internamente entre sus empleados y externamente en las comunidades en las que operan y, en general, en Venezuela, pues han desarrollado proyectos de inversión social en áreas donde no tienen presencia.

Más allá de la filantropía

Ser una empresa socialmente responsable en cualquier ámbito de negocios puede resultar una tarea titánica, pero el concepto ha evolucionado tan vertiginosamente y en tan pocos años, que ninguna de las grandes corporaciones ha escapado de la necesidad de incorporar la RSE a su cultura corporativa.

Las empresas vinculadas al sector de los hidrocarburos están aún más lejos de evadir esta condición, en particular porque a ellas se les endilga la responsabilidad de ser la principal industria causante de los más grandes problemas y desastres ambientales, tanto por sus operaciones (exploración, producción, refinación, transporte y distribución) como por los productos que elaboran.

Hoy día hasta los biocombustibles -la alternativa "verde" para sustituir a los combustibles fósiles- son acusados de encarecer los precios de las materias primas y, en consecuencia, de la escasez de alimentos a escala mundial.

Las empresas petroleras privadas -que en Venezuela, según expertos, son las pioneras de la puesta en práctica de la RSE- se han distanciado entonces de la tradicional visión filantrópica, según la cual se hacen aportes puntuales a las comunidades a través de donaciones.

"La inversión social de las empresas de la AVHI responde a criterios de desarrollo sustentable", comenta Luis Xavier Grisanti, presidente ejecutivo de la asociación. Sin embargo, la filantropía no es cosa enteramente del pasado. De hecho, Grisanti considera que los miembros de la asociación participan en tres fases de apoyo a las comunidades: la primera de ellas son las donaciones. Si se toma en cuenta que muchas de las corporaciones tienen operaciones en zonas con profundas carencias y económicamente deprimidas, las contribuciones pueden responder más rápidamente a problemas básicos de esa localidad.

La inversión social es una segunda etapa que permite sembrar mejores condiciones para el futuro de la sociedad y, con la tercera etapa, referente a la ejecución de programas de desarrollo sustentable, se pretende que el mantenimiento de esas condiciones sea producto de la autogestión de las mismas comunidades para una mejor calidad de vida, con prolongación en el tiempo para que alcance hasta las nuevas generaciones.

Alianzas con resultados

"Las empresas que pertenecen al sector de los hidrocarburos están sometidas a escrutinios que van más allá de la fiscalización por parte de órganos del Estado", señala Grisanti. Y es que los movimientos ambientalistas y organizaciones no gubernamentales han reclamado más participación, transparencia y responsabilidad, para el bienestar del planeta.

Adicionalmente, estas compañías también están sometidas a la rigurosidad que imponen los sistemas económicos y financieros mundiales, a través de calificadoras de riesgo y comisiones de valores, entre otros. Sólo basta con recordar las consecuencias desencadenadas tras el escándalo del coloso energético Enron: la promulgación de la Ley Sarbanes Oxley en 2002 es producto de los fraudes contables encontrados a partir de ese caso.

En ese sentido, dice el presidente de la AVHI, las petroleras han incorporado a las ONG como parte de sus procesos de planificación y como actores imprescindibles en la interacción con la comunidad que recibe el apoyo. "Son las comunidades las que definen los programas que requieren desarrollar".

La bibliografía sobre la materia dice que estas alianzas dan lugar a una estructura formal y sistematizada que no genera distorsiones en el desarrollo de las comunidades a largo plazo. La experiencia de los miembros de la asociación que agrupa a empresas petroleras privadas con operaciones en Venezuela sustenta la afirmación anterior.

Un estudio realizado por Arthur D'Little y el Centro de Desarrollo Sustentable para la AVHI arrojó que, entre 1995 y 2005 se habían ejecutado alrededor de 1.000 programas de inversión social y desarrollo sostenible (algunos han tenido continuación), en 61 municipios pertenecientes a 8 estados, en alianzas con entes estatales, privados y ONG.

"El mismo estudio reflejó que 50 por ciento de toda nuestra procura de bienes y hasta 80 por ciento de la procura de servicios se hizo con empresas venezolanas", agrega Grisanti.

Creando valor

La evolución del concepto de RSE se ha expandido al punto de que las corporaciones energéticas han entendido que es deber contribuir al desarrollo económico y, por tanto, ya no sólo dirigen sus inversiones sociales a la conservación del ambiente o de corte asistencialista, ni tampoco se circunscriben a las áreas operacionales.

Grisanti asegura que "la atención prioritaria a la conservación ambiental sigue siendo importante, así como el cumplimiento de rigurosos estándares de seguridad, higiene y ambiente, y de la legislación venezolana", por lo que los programas de inversión social y desarrollo sostenible entonces también incluyen formación de capital humano, desarrollo económico de comunidades, microempresarios, emprendedores, patrocinios, infraestructura, salud y educación.

Un programa para la formación de enfermeras en salud básica en idioma Warao; otro de turismo sustentable en Los Andes (Repsol YPF); un proyecto de desarrollo sustentable en el Parque Nacional Canaima (Total); de capacitación para el trabajo y la asignación de microcréditos (BP); de protección de especies en peligro de extinción (ver especial de Shell en el tomo III de esta edición), y de capacitación de jueces en derechos humanos (Statoil) son algunos ejemplos a los que hace referencia Ana Margarita Perea, directora de desarrollo sustentable de la AVHI.

Sin embargo, los asociados a la AVHI -resalta Grisanti- "creen en el concepto de creación de valor social integral", definición que engloba a todos los concepto que implican un aporte a la sociedad por parte de una empresa petrolera estándar.

"Una empresa petrolera típica internacional destina (promedio) 56 por ciento de su facturación a la adquisición de materias primas y pago a proveedores y contratistas. Estos (recursos) van a la comunidad económica conexa al negocio de los hidrocarburos", aduce Grisanti, y con lo cual trata de hacer ver que una empresa no sólo es socialmente responsable por su compromiso con la comunidad.

En el caso específico de la industria petrolera, la creación de valor para la sociedad venezolana -a juzgar por lo explicado por el ejecutivo de la AVHI- también es la suma de inversiones, transferencia de tecnología para el mejoramiento y extracción de crudos, formación de capital humano, contribuciones al Fisco Nacional y otros fondos estatales.

Explica el presidente de la asociación que "desde 1992 hasta 2006 (año en que se concretó la migración a empresas mixtas de los convenios operativos y convenios de exploración a riesgo y ganancias compartidas), las inversiones totales realizadas por las empresas de la AVHI alcanzaron 29 mil millones de dólares. A ello se suman las contribuciones adicionales; (nosotros) pudimos crear valor respecto a una producción consistente de petróleo", que llegó alcanzar, de acuerdo con los datos aportados por el Ejecutivo, 1,2 millones de barriles por día (b/d).

En la actualidad, 62 por ciento de los ingresos brutos de las empresas petroleras privadas deben ser destinados al Fisco Nacional u otros fondos estatales (ISLR, regalía, ventaja especial, Ley Orgánica contra el Tráfico Ilícito y el Consumo de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas, Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación, entre otros). Esta proporción excluye lo que le corresponde a las compañías ahora erogar por concepto de la nueva Contribución Especial sobre Precios Extraordinarios del Mercado Internacional de Hidrocarburos.

El ciclo de la vida

Aún así, el Ejecutivo Nacional consideró que los aportes realizados por los privados resultaron insuficientes. De hecho, el estudio encargado a las firmas Arthur D'Little y CDS, reveló que los desembolsos sociales pasaron de menos de un millón de dólares en 1994 a 9 millones de dólares en 2004, y el número de personas beneficiadas directa e indirectamente apenas alcanzó 1,22 millones.

Aunque algunas fuentes de la industria manifestaron discrepancias con la metodología empleada para medir el impacto de la inversión social de las corporaciones involucradas, los datos parecen haber servido para justificar la presión que ejerció el gobierno nacional para que los montos y los beneficiarios aumentaran.

En ese sentido, el nuevo modelo de empresas mixtas ha significado, además de un cambio drástico para el desenvolvimiento del negocio petrolero en el país, ha sido determinante respecto al aumento de las contribuciones y a la transformación del esquema impositivo.

Luis Xavier Grisanti niega que esta figura sea la línea divisoria entre un antes y un después en las operaciones de la industria. No obstante, reconoce que "ahora somos accionistas minoritarios y no somos operadores. Sin embargo, (las compañías petroleras privadas) aportamos capital, tecnología, destrezas operacionales y gerenciales, talento humano y las mejores prácticas".

Existen aún más contribuciones a partir del proceso migratorio de los extintos convenios y asociaciones estratégicas. En 2006, cuando se aprobó el Impuesto de Extracción, se introdujo el régimen de ventaja especial, que es una contribución de las empresas mixtas de 3,33 por ciento que se desembolsa del total de ingresos brutos. De esa porción, 2,22 por ciento se destina a los municipios y el restante 1,11 por ciento al Fondo Social de Pdvsa, de cuya creación, ejecución y contraloría se sabe poco o nada.

Adicionalmente, de la ganancia neta (descontando costos y gastos), antes de impuestos, a las empresas mixtas se les aplica otro 1 por ciento, para la acumulación de recursos que deben ser orientados a la inversión social.

Es por ello que, a juicio del presidente de la AVHI, existe un reto para que el manejo de estos recursos que aportan las empresas mixtas responda a criterios de eficiencia y productividad. "Se requiere crear institucionalidad social, como por ejemplo, en la conformación del Fondo Social de Pdvsa, pues esa es la garantía de que los fondos se van a manejar con transparencia y por el bienestar de las comunidades".

El fin de las operaciones de ExxonMobil y Conoco, tras su desacuerdo respecto con la implantación del modelo de empresa mixta, dejó en el limbo proyectos de inversión social y desarrollo sustentable.

En estos tiempos de sequía, Grisanti recuerda el programa de reforestación del Parque Nacional El ávila que hizo ExxonMobil. Con cierto dejo de nostalgia, también alude al programa de pesca sustentable que desarrolló Conoco en el Golfo de Paria, y que en 2005 le valió el premio al proyecto sustentable del año de la Organización de Estados Americanos.

Para evitar que otros programas de esta naturaleza puedan desaparecer, enfatiza Grisanti, "se requiere de estabilidad jurídica, contractual e impositiva".

A su juicio, el concepto de RSE debe verse desde una perspectiva holística, la integración como un todo. De manera que también se hace imprescindible acometer los proyectos contemplados en el plan siembra petrolera 2006-2012, a fin de dar continuidad a la creación de valor que generan las petroleras privadas que desarrollan proyectos en el país. Y este es un ciclo de vida que nace con las inversiones, crece con la sísmica y la perforación de pozos, y se desarrolla con la producción consistente de petróleo y gas.

Jeanne Liendo

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