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Entrevista a Herman Sifontes

Responsabilidad es enseñar a ahorrar

Para Herman Sifontes, presidente de Econoinvest, la responsabilidad social es fundamental para desarrollar sentido de pertenencia tanto en el trabajador como en el cliente, lo que redunda en el prestigio y el valor de una empresa. Aunque optimista sobre el futuro de esta tendencia, reconoce que la precariedad del mercado local está determinada por la escasa cultura del ahorro y la falta de ofertas variadas de inversión

La responsabilidad social es vista por algunos como un problema financiero. ¿Cómo se mide esto en realidad?
—Todo está exactamente medido, toda la responsabilidad social empresarial es una inversión. Además tiene una repercusión directa en el sujeto, y eso es hoy en día un tema fundamental en la empresa moderna. Es prácticamente imposible que hoy, en el mundo de hoy, con la creciente conciencia en materia de ambiente y el tema del calentamiento global, con la evidencia de la desigualdad, especialmente en regiones como en la que vivimos, alguien pretenda desarrollar un proyecto empresarial de largo plazo sin contemplar su inversión y su ganancia social.

¿Ganancia social?
—Estamos convencidos de que, en estos tiempos, el inversionista no debe, no puede contemplar exclusivamente temas financieros. ¿Qué ciudadanía se compone sólo de la ecuación financiera? Es esencial la ecuación social y la del prestigio. Al comunicarte con tu cliente o comunidad, darías un mensaje totalmente incompleto si muestras activos exclusivamente financieros. Lo que se aplica a la actuación del individuo, aplica a la empresa.

En su trabajo debe analizar continuamente el valor de empresas e inversiones. Objetivamente, ¿qué tanto pesa la responsabilidad social?
—Hoy en día, en cualquier reunión de inversionistas internacionales, esto es un tema fundamental. Pero todavía en Latinoamérica este tema del balance social no tiene la fuerza que tiene en países desarrollados. Hay un programa de las Naciones Unidas que exige un determinado nivel de inversión social para corporaciones que invierten en países en desarrollo. En los países desarrollados se exige de las empresas que se subscriban a este programa. Esto incide directamente en el valor de la empresa porque describe su dinámica. Se trata de empresas que buscan lograr un mejor ambiente de trabajo y condiciones distintas frente a la comunidad. El tiempo del impacto de estas inversiones sociales en las finanzas es fundamental.

Usted pone frente a frente una empresa socialmente responsable con otra que no lo es pero que es exitosa financieramente, ¿varía su calificación?
—Claro, porque una empresa vale más si sus procesos están marcados por buenas prácticas; vale más si es percibida por sus clientes como socialmente responsable; vale más si está consustanciada con la realidad de su país y tiene una visión muy clara de lo que significa el ámbito territorial donde se desempeña. Incluso, al punto de que sus clientes puedan estar dispuestos a dar o a sacrificar una porción de sus beneficios con tal de sentirse parte de ese ámbito de acciones sociales que formula la empresa.

En Venezuela, una empresa financiera como la suya ¿cómo determina su balance social?
—Llevamos en muchas empresas de Venezuela un balance social que se aplica de manera permanente. No sólo por las inversiones que se hacen a través de la fundación de la cultura urbana, que es una muestra de nuestra iniciativa social. En un sentido, también se compone de las acciones que hoy en día manejan los empleados de las empresas. Nuestros empleados ayudan a ampliar la opción de nuestras inversiones sociales.

¿Cuál es el impacto que esto tiene y cómo afecta dentro de la organización y en términos de mejora de la productividad?
—Uno de los principales beneficios es la estructura organizacional. Pero también mejoras de impuesto de fondo que, en el caso nuestro, el fondo financiero tiene un impacto directo. Es el costo de nuestros pasivos, a través de estos elementos pasivos que manejamos por el costo de las conchas, es el negocio. Una empresa de carácter financiero trabaja mucho con el prestigio, con el posicionamiento del grupo. Este ámbito de inversiones sociales aporta muchísimo a efectos de cultivar esa sensación de confianza fundamental para una institución financiera. Eso desde el punto de vista más pragmático te describe la relación directa de la inversión social y el oficio empresarial. Pero hay más, porque propicia la integración de un equipo gerencial que exige tener una organización con una proyección hacia el país muy concreta, en que el balance social es sin duda uno de los principales beneficios, es la estructura organizacional. En medio de una coyuntura política muy difícil, hemos logrado integrar a casi 800 empleados en acciones sociales, y eso nos ayuda a sentirnos bien, ya que sentimos que estamos contribuyendo.

¿La acción social de los empleados es recompensada por la empresa?
—Lo fundamental es que lo hacen de buena voluntad y lo asumen como un complemento de su vida ciudadana. Sienten que están viviendo tiempos de aportar y que forma parte de su desempeño ciudadano en un país absolutamente lleno de conflictos, desigualdades y de todo lo que nosotros sabemos que es el entorno de lo que nos toca vivir.

¿El Estado hoy tiene una cantidad de leyes muy exigentes con las empresas e incluso la responsabilidad social está hoy día muy regulada, cree que esto contribuye a que los empresarios se hagan más conscientes de su entorno o es contraproducente?
—Pienso que hay que ser un poco más persuasivos. Debe tratar de entenderse de qué se compone el sector privado venezolano y en ese sentido, pues, tratar de establecer iniciativas con una mirada más profunda y no a rajatabla, que es lo que ha traído destrucción empresarial y destrucción de una parte importante del sector privado venezolano. Indudablemente todas estas condiciones impuestas generan costos laborales muy altos. En algunos sectores hacen que muchas empresas colapsen. Desde ese punto de vista, es totalmente desfavorable el exceso de normativas e imposiciones. Generan distorsiones en el tejido empresarial. Hay impuestos como el de las transacciones financieras que condena a empresas que trabajan con un margen que es precisamente el núcleo del impuesto. El efecto se ve en cómo ha ido reduciéndose el tamaño del sector privado formal, que es el sector que nosotros tenemos que preservar, porque es el que genera perspectivas a largo plazo a la gente. Pero igualmente hay iniciativas favorables. Algunas ayudan a los trabajadores con el beneficio de contar con servicios médicos a la mano.

La ley entonces al menos ha sido necesaria para que en muchos casos se proteja al trabajador.
—Desde el punto de vista histórico el sector privado ha tenido una voluntad muy grande de beneficiar a sus trabajadores. Históricamente, la empresa venezolana ha sido muy responsable socialmente. Se ha producido un tránsito muy importante de acciones sociales del sector privado que no tienen nada que ver con el marco regulatorio, sino con esa disposición que tiene el venezolano a ser solidario. Eso es un valor que está en la nacionalidad y que se ha ido expresando también con mucha fuerza desde el sector privado. También es producto de muchísimos años de presión social en momentos en que nadie hablaba de eso como tema central ni que se considerara natural para las empresas que compartieran su riqueza.

¿Cuál es para usted el objetivo último de una actitud responsable para un hombre de empresa y de finanzas como usted en la Venezuela de hoy?
—Un país de condición petrolera está naturalmente propenso al consumo. Para nosotros el trabajo hacia delante es cada vez mayor, ya que el venezolano no entiende lo que significa vivir en un mundo globalizado. Por ello es muy difícil entrar en el capitalismo, porque el venezolano, como generalidad, tampoco entiende lo que es ahorrar, y creo que como alternativa de país es la única opción que tenemos.

Para ustedes introducir el valor del ahorro es fundamental. ¿Cómo lo hacen, aparte de ofrecer rendimientos atractivos?
—Primero con un sistema de promoción de ahorro y de inversión. Propiciamos talleres de finanzas personales para comunidades específicas. Estamos trabajando con talleres para cooperativas, cajas de ahorro, para individuos. Cada individuo lo segmentamos: en amas de casa, en profesores universitarios y ahora vamos a empezar a preparar estos temas dirigidos a los más pequeños. Es un trabajo que nos apasiona muchísimo. Ya llevamos tres años y, poco a poco, nos hemos ido perfeccionando, y mucha gente se ha ido sumando a este esfuerzo de promoción, de esta ecuación, de estas ideas donde la inversión es la idea central. Recientemente se creó el Instituto de Finanzas Personales, dirigido por el economista ángel Alayón, pero con él, el año pasado, ofrecimos alrededor de 6 mil talleres a escala nacional. Poco a poco sentimos que se están dando cambios importantes.

Dentro de los productos que genera Econoinvest, por ejemplo, al hacer el trabajo de buscar capital para una empresa, ¿se sugiere o se toma en cuenta el que esté incorporado al modelo de gestión de la empresa la responsabilidad social?
—En Venezuela no están incorporados esos elementos que condicionan la financiación privada de estos temas. Pero hoy en día cualquier empresa que requiera un capital significativo —más allá de 10 o 20 millones de dólares— a escala internacional, debe y tiene que tener una certificación de Naciones Unidas, porque al inversionista internacional, a su vez, los inversionistas pequeños le exigen como condición fundamental que tengan que las empresas donde ellos tienen representados sus ahorros sean empresas socialmente responsables.

En Venezuela la oferta de inversión también es más reducida.
—Exacto, no hay una gama de opciones amplia y eso, de alguna manera, determina que el inversionista venezolano no sea tan exigente en ese sentido. Pero por otro lado está lo que mencionamos antes, que una parte importante de la gente no comprende todavía la dimensión de lo que significa invertir y ahorrar, por lo tanto debemos pasar una fase preliminar a efectos de ir conformando esa curva de aprendizaje que se requiere para llegar a conseguir muchos inversionistas capaces de diferenciar entre una empresa socialmente responsable y una que no lo sea.

Roger Santodomingo

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