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Luis Chataing: "Este año me voy"

El hiperkinético Luis Chataing es un showman. Sabe que es un producto y aprovecha cada oportunidad para mercadearse. Lejos del divismo, acordó un encuentro en su hogar: un sitio acogedor, de amplios espacios y sin ostentaciones. En la sala principal hay esculturas, grandes cuadros, muebles de cuero y un piano, que él no toca. Un pequeño jardín y la piscina le hacen un guiño al visitante.

Para el momento de la entrevista, su esposa Ximena y su hijo Luis Ignacio, están fuera del país, pero presentes no sólo en la conversación –Chataing los nombra todo el tiempo– sino en las fotos distribuidas en cada rincón de la casa.

Tecla y Miche se encargaron del caluroso recibimiento. Son los perros de raza Beagle, parte importante de la familia del humorista. Chataing relajado, sencillo y con un lookmuy informal –casi a punto del descuido–  dedicó una hora a conversar, posar y hacer alarde de su salero. Pero antes, adicto al café negro, pidió una taza grande. Desde muy joven, pese a su gran timidez, buscó siempre relacionarse con gente. De adolescente tuvo una miniteca, fabricó franelas y finalmente probó suerte en la comunicación social (ver recuadro Chatanig curricular) hasta que dio con El Monstruo de la Mañana: éxito que lo catapultó en 1996, pero que también le hizo vivir uno de los peores momentos de su carrera.

Con sello rebelde e irreverente, el programa –que por cierto aún se transmite, sin él– encajó como anillo al dedo con Chataing, que a poco quiso llevarlo a nivel nacional, pero 92.9 FM sonaba sólo en Caracas, sin planes de expansión. Un día de 1998 a Chataing lo llamaron de La Mega (Circuito Éxitos) con la promesa de ir vía satélite a todo el país. Aceptó, pero la felicidad le duró poco. Cuando se enteró Jaime Nestares, director general de 92.9 FM, “la radio me demandó y se inició una batalla legal amarga y sin precedente, que además me acarreó un veto en la TV nacional”, recordó el locutor. 

Resulta que 92.9 forma parte del Grupo 1BC, dueño también del desaparecido canal líder Radio Caracas Televisión. Cesó entonces su programa Nunca en Domingo, que iba por RCTV. Y como lo propio le pasó un año después a Ni tan Tarde,unlate showque había iniciado en Televen, supone que fue perjudicado “por las mismas influencias”.  Pero todo aquello ya es pasado. Hace poco Chataing hizo las paces con Nestares, cuando recibió su solidaridad por el abrupto y conocido final que tuvo Chataing TV,  también por Televen.

¿Le guarda rencor a Jaime Nestares?

—Le guardé rencor cuando me quiso hacer daño por demostrar poder, lo que me hirió profundamente. Pero lo perdoné hace un mes. Nos abrazamos muy fuerte y lo perdoné. Le creí. Esa persona marcó mi vida, pero yo seguí adelante. También me obligó a encontrar lo mejor de mí para seguir adelante. Y lo logré. Y aquí estoy.

A lo largo de 23 años de carrera, el país, la radio y usted mismo han cambiado  ¿Qué hace para reinventarse y mantenerse vigente?

—Me tomo cada programa muy en serio. Cada salida al aire es como si fuera la primera, y como si fuera la última, y valoro mucho al oyente. Eso quiere decir que en cada ocasión doy lo mejor de mis capacidades.

¿Cómo le gusta que lo perciban?

—El ser humano es muy complicado. Yo trato de ser lo más auténtico posible, intento satisfacer mis propias expectativas; mi competencia es conmigo mismo y mi lucha es conmigo mismo.

¿Cuáles son sus expectativas?

—Siempre son hacer lo mejor que pueda, trabajar en lo que me gusta, ser una persona honesta, disciplinada, rodearme de los mejores y tener tiempo para atender a mi familia. En cuanto a la gente que me odia, siempre y cuando no sea falta de respeto, yo la recibo, porque a mí tampoco me gusta el trabajo de todo el mundo.

Ejerce muchos roles: locutor, presentador, actor, humorista ¿En cuál se siente más cómodo?

—Creo que el de humorista encierra buena parte de todos los anteriores, porque si animo o actúo, uso siempre el humor como herramienta. Pero me complace mucho romper mi propio esquema y hablar en un plano completamente serio cuando las circunstancias lo requieren.

¿Hasta qué punto el Luis Chataing que se muestra en los medios es un personaje creado?

—Yo soy quien tú escuchas cuando prendes la radio y quien ves cuando enciendes el televisor. Tú estás viendo lo más yo que yo soy (sic). Reservo la pasta de lo que soy para el momento en el que estoy al aire. Cuando salgo del aire me transformo, me bajo 10 para descansar de mí mismo, recargarme, repotenciarme y poder contar historias nuevas al día siguiente. El que pretende ser algo que no es hace un esfuerzo superior. Yo no hago el mayor esfuerzo cuando estoy trabajando en radio o televisión. Me empeño por encontrar lo mejor de mí para que fluya. Parto de lo que soy, no me disfrazo para ir al aire.

¿Qué le gusta y qué rechaza de la fama?

—Me gusta la posibilidad de conocer y conversar con mucha gente, y no me refiero a famosos. A cualquier sitio donde voy se me acercan personas para compartir sus historias, gente humilde y gente poderosa, todos por igual. Esa es una gran ventaja que tengo sobre otros. ¿Qué no me gusta? Que a veces estoy en situaciones anímicas complejas, en las que quisiera tener un breve espacio donde poder respirar profundo y tener un momento de reflexión. Y eso es imposible, porque siempre interrumpe una persona que amablemente se acerca a saludar, así que lo normal es que me aísle.

¿Cómo lo afectó el divorcio de sus padres?

—Yo era un niño y como tal me marcó en las cosas más sentimentales; no brindé la menor oportunidad para que me explicaran ni para entender qué estaba pasando. Yo hubiera querido tener a mi papá en casa y que él me enseñara actividades de padre: cambiar un bombillo, arreglar un grifo de agua, yo sentí mucho esa ausencia. Mi papá sólo estuvo presente los fines de semana, pero con el paso del tiempo logré entender la situación; cuando me tocó divorciarme. Allí entendí la separación de mis padres. Nunca lo agradecí, pero lo entendí.

Y ahora que tiene un hijo, tras dos separaciones ¿qué piensa del matrimonio y del divorcio?

—Cuando la situación de pareja es insostenible lo mejor es separarse. Como padre, creo que sería hasta por el bien de mi hijo. Gracias a Dios no es el caso, hoy día disfruto a plenitud. Estoy en el mejor momento familiar que he tenido en mi vida. Por fin tengo la familia que siempre quise tener, al hijo que siempre quise tener. Incluso la vida me está dando la oportunidad de vivir el sueño familiar que siempre tuve. Ojalá yo sepa protegerlo, cuidarlo y valorarlo.

¿Cómo es ser padre después de los 40?

—Dios sabe lo que hace. A mí me hubiera encantado ser papá a los 18, por aquella cuestión de tener una familia de la cual yo sentía la ausencia paterna, pero me tocó a los 47. Mira todo el tiempo que tuve que esperar. Fue una prueba de resistencia, de constancia, de seguir soñando que  iba a poder. Y ahora tengo a mi hijo. Para mí es un premio bestial(sic). Claro, mi gran dolor hoy día es pensar en que no voy a estar con él el tiempo que me hubiera gustado estar. Hubiera querido pasarme toda la vida con mi hijo.

¿Qué piensa de la vejez y de la muerte?

—Trato de no pensar en eso, pero cada vez lo tengo más presente, por el mismo tema del nacimiento de mi hijo. Yo trabajo mucho y disfruto lo que hago, pero en esa misma necesidad de reinventarme y de seguir buscando nuevos proyectos, la vejez es algo que obviamente está en el camino, Dios quiera. Mi esperanza es poder vivirla con dignidad, poder aconsejar a quienes quieran pasar por donde yo pasé. Espero que mi vejez sirva de algo y no sea incómoda para nadie.

¿Cómo vislumbra el futuro?

 —Prometedor, siempre. Tiene que ser así. Todo está por hacerse, por destruirse y volverse a inventar.

¿Alguna vez fue tímido?

Sí.

¿Cuándo venció la timidez?

Cuando comencé a hacer radio.

¿Cuál ha sido su mayor acierto?

—Mi esposa.

¿Y su mayor error?

—La impaciencia, que a veces complica el camino.

¿Conserva amigos de la infancia?

—Sí, pero soy muy ermitaño.

¿Cómo hace para zafarse de gente aduladora?

—Todo el mundo está en su lugar. Hay espacio para los aduladores, para los que me miran con desprecio, y hay lugar para mis amigos, que vienen a mi casa, celebran mis éxitos y están conmigo en los momentos malos.

En los ratos de descanso ¿qué hace para desvincularse de la realidad?

—Nunca me desconecto completamente. Aún fuera del país, estoy pendiente de lo que está pasando. Una vez estuve en una montaña cubierta de nieve en Francia y buscaba un cibercafé para escuchar a Marta Colomina. Fue en unas vacaciones, así de enfermo como suena. Yo he llegado a un punto en que no me puedo desenchufar del acontecer noticioso.

Eso suena muy perturbador, ¿es perturbado?

—Probablemente.

¿Cómo se mantiene informado, qué medios utiliza para estar al tanto de la realidad?

—Cada vez es más difícil encontrar fuentes informativas que gocen de credibilidad, pero uno trata de escarbar y de ser testigo presencial como televidente o radioescucha, para hacerse su propia opinión. Yo vivo conectado a Internet, a la TV y a la radio. Opino sobre la base de lo que veo, no de lo que me cuentan, porque no quiero versiones maquilladas o disfrazadas de lo que no es. Trato de visitar tantos portales como sea posible. Mi trabajo es de 24 horas. Tengo que estar totalmente informado.

¿Le interesa la política?

—Me encanta, forma parte de mi oficio. Si tú escuchas mi programa de radio te darás cuenta de que 85% del contenido tiene una carga política. Entonces para mí no es osado. Yo la transformo en humor.

¿Militaría en algún partido político?

—No, yo formaría uno.

¿Optaría por un cargo público?

—Sí.

¿Le han propuesto algo?

—No.

¿Si no fuera famoso que estaría haciendo ahora?

—Yo no estoy pendiente de lo famoso que pueda ser. Soy feliz porque hago lo que me gusta. Si en este momento me están leyendo o me están escuchando, y eso produce popularidad o fama, yo lo entiendo como el resultado del éxito de mi ejercicio profesional. Yo preparo mis programas de arriba a abajo. Si eso se traduce en que la gente lo comenta y cuando yo voy por la calle me piden una foto, entiendo que es porque hice las cosas bien. No me veo haciendo algo que no sea esto.

Si yo tuviera que poner aparte el humor para quedarme con la política no sería una cosa traída por los pelos. Es algo con lo que estoy trabajando hoy día. Me enseriaría y esa sería una diferencia con el Conde del Guácharo. Cuando él tuvo aspiraciones políticas no supo dejar el humor de lado y eso entorpeció el resultado que él esperaba.

¿Qué es lo que más le preocupa de la Venezuela de hoy?

—Me duele Venezuela, muchísimo, pero por primera vez en mi vida estoy pensando en irme. Por mi hijo, por brindarle un mejor futuro. Por mi hijo lo que sea, él lo único que me ha traído es felicidad y las ganas de seguir adelante, porque uno se cansa, anímicamente, físicamente, pero él es el motorcito que me mantiene en marcha. Claro, también me quisiera ir, quizá, para escapar de una decisión que no termino de tomar: meterme en política.

¿Y por qué no toma esa decisión aún?

—Tengo muy claro que cuando lo haga va a ser un día determinante en mi vida, porque voy a cerrar todo el capítulo anterior y no trabajaré más en los medios. Pero aún no estoy listo para eso.

¿Pero la decisión de irse si está tomada?

—Tengo tres ofertas para trabajar afuera, las estoy examinando. De este año no pasa que me vaya.

¿Cómo ve el futuro del país?

—Creo que estamos viviendo las consecuencias de un período en el que una inmensa cantidad de venezolanos sembró su esperanza en una sola persona para que el destino del país cambiara; creo que esa persona traicionó la esperanza de esa cantidad de gente. Tuvo la oportunidad de pasar a la historia como el símbolo unificador más importante de los últimos tiempos en nuestro país y en mi opinión va a pasar a la historia como el causante de una de las divisiones más peligrosas que hayamos vivido. Peligrosa porque nos llevó al punto en que pudimos habernos enfrentado en armas entre venezolanos, en una guerra civil.

¿Esa posibilidad sigue latente?

—Creo que sí, pero a la vez pienso que su momento más álgido pasó. No dudo que, como estrategia de un pequeño grupo, pueda estar contemplado el sometimiento del otro a través de las armas, pero tampoco dudo de que en la voluntad de la mayoría de los venezolanos no está matar a sus hermanos. No lo creo. Aquí hemos tenido razones de sobra para caernos a tiros: abusos irreparables, humillaciones impensables, y no pasó. Si no pasó, no creo que vaya a pasar. Quiero dar el chance de que el mundo gire y las cosas cambien de un momento a otro; mi mayor esperanza es que logremos entendernos y saquemos algo positivo de todo esto. Veo el futuro en positivo, en tolerancia. Creo que los radicales van a tener que cambiar su forma de pensar o se van a quedar solos.

Lo impensable:  Chataing y Davies juntos

Luego de su abrupta salida de Televen, Luis Chataing recibió notable apoyo, y uno, en particular, inesperado. La periodista y directiva del partido de gobierno, Vanessa Davies, le manifestó solidaridad pública a través de su programa de radio en Actualidad 90.3 FM. Lamentó que saliera del aire un espacio que hacía crítica con humor y se confesó como una fiel televidente.  A propósito, el presidente Nicolás Maduro, condenó que “gente ingenua del chavismo había salido a solidarizarse con Chataing”.  Pero antes había desmentido que la salida del aire del presentador hubiera obedecido a presiones ejercidas desde el gobierno.

Días después, el periodista César Miguel Rondón reunió a Chataing y Davies en su programa radial por 99.9 FM presentándolos –literalmente– en su espacio Mucho Gusto. Una entrevista con enorme audiencia.

¿Cómo fue su experiencia con Vanessa Davies?

—Fue  muy importante. Me sorprendió el apoyo que ella me brindó públicamente luego de mi salida de Televen.

¿Su actitud no le generó suspicacias?

—Si hay algo que han logrado estos 16 años es que todos dudemos de todo, que todo lo pongamos en tela de juicio, que no terminemos de darle 100% de credibilidad a la versión que alguien te cuenta de algo. Tuve la oportunidad de conversar con ella al aire, y le pude haber reprochado muchísimas cosas con las que no estoy de acuerdo y con las cuales ella no fue cómplice, pero sí copartícipe por apoyar a este gobierno, pero no quise hacerlo porque creo que si no abrimos una puerta para que primero nos entendamos y luego conversemos, no vamos a avanzar.

¿Qué le diría a quienes quieran seguir sus pasos?

—A cualquier comunicador que quiera hacer cosas distintas, que sepa que el camino no es fácil y que no le tema a aquellos que le digan que no se va a poder. Ojalá que sean decenas en distintas ramas del quehacer nacional. Hay gente muy valiosa que merece una oportunidad.

El peor con el compás y la escuadra

Los Chataing son una casta de abolengo en la arquitectura venezolana. Alejandro, el bisabuelo, diseñó por ejemplo el Nuevo Circo de Caracas, la Academia de Bellas Artes y el Museo Histórico Militar. Luis Eduardo, el abuelo, fue el proyectista de la red hospitalaria del país y el creador del Liceo Andrés Bello, el Hospital Militar y la Aduana de la Guaira. Alejandro Chataing Roncajolo, el padre, es un destacado profesor de la Universidad Simón Bolívar, donde lleva 30 años formando profesionales.

Con una arquitectura familiar semejante, lo esperado era que Luis continuara la tradición. Pero lo suyo no era la universidad. Cuando terminó el bachillerato comenzó estudios de Administración en la Universidad Metropolitana. Nunca los concluyó. Pésimo en dibujo técnico (“era el peor con el compás y la escuadra”) pronto supo que el diseño tampoco estaba en sus genes. “Pero tuve la fortuna de no recibir presiones o imposiciones para ser arquitecto y mi familia respetó lo que quise ser, aunque siempre me exigió que fuera el mejor en lo que decidiera”. Así fue que “transformé la parte creativa en algo diferente, que se refleja en mi trabajo en radio y televisión”.

Tamara Slusnys


PUBLICADO: 24 de septiembre de 2014