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Uriji Jami: una red social que explora la selva del futuro

La posibilidad de darle un valor en moneda dura a las experiencias adquiridas y de conseguir potenciales inversores para los proyectos personales, es el principal atractivo de este hábitat virtual en el que cohabitan las historias, conocimientos y aspiraciones de más de 200.000 usuarios. Con una proyección de ganancia de casi 4 millones de dólares para este año, este entorno social criollo parece ser la muestra del éxito a partir de la crisis y la frustración. Jean Clauteaux y su equipo visitó la redacción de PRODUCTO para hablar sobre su emprendimiento.

María Alejandra Almenar / @Mariale_Almenar

Que los sueños son valiosos es una expresión muy romántica, aún más lo es el pensar en que la experiencia da frutos. Uriji Jami, la primera red social en Latinoamérica, busca despojar de romanticismo a esas ideas que de entrada pudieran parecer utópicas, para traerlas a la realidad. Este entorno social  ofrece la oportunidad de monetizar las vivencias y conectar con personas que pueden contribuir al logro de aspiraciones propias.

En una era en la que las redes sociales parecen abarcarlo todo, y en el que sólo los más audaces pueden obtener beneficios económicos de ellas, esta plataforma que nació en Caracas el 15 de noviembre de 2016, parece ser el puente entre la utopía comunicacional y la realidad material. Para su creador, Jean Clauteaux, la idea que nació a partir de una frustración personal -y cuyo nombre significa “Explorar en la selva”-   crece cada día y tiene tantas funcionalidades como seguidores –más de 200.000 para el momento de la entrevista- beneficiando de forma directa o indirecta a todos los que decidan usarla como una forma de negocio.

La frustración como madre de la genialidad

Jean Clauteaux se define a sí mismo en sus redes sociales como “El Mago de los Sueños de Uriji Jami”. Luego de una prolífica carrera en L’Oreal,  y de un interesante desempeño como influencer en LinkedIn, le picó el mosquito del “dar un paso más” y sacarle punta a la vasta experiencia laboral que posee. “Uriji Jami llega en una frustración, porque me vuelvo influencer en LinkedIn pero no veo llegar ningún tipo de beneficio, ni poético, ni relacional, ni monetario. Y poco a poco esa frustración fue dando lugar a un proyecto, cuya idea principal radica en que no necesitas ser un youtuber para sacarle provecho a las interacciones con personas que tienen experiencias y que pueden ayudarte a sacar adelante tus propios proyectos”.

Con esta idea en mente y un montón de aspiraciones, Clauteaux apostó por el cambio en las relaciones entre los usuarios de las redes sociales. Para el “ideólogo”, “Uriji pone el acento en lo que eres, no en cómo te muestras”.

Riqueza = Historias + sueños

La fórmula matemática de la monetización de una cuenta de Uriji, consiste en sumar las experiencias vividas (historias) más las aspiraciones del usuario (sueños). Así el poseedor de la cuenta vende sus conocimientos –si lo desea- e invierte y se hace socio de sus contactos para financiar sus sueños. Aunque parezca un intercambio intelectual, esto se convierte en una realidad económica a través de la asociación de la plataforma con PayPal, haciendo que el intercambio de dinero sea seguro y real.

Pero no sólo se trata de una compra–venta. Inspirado en los intercambios publicitarios,  Uriji favorece también las relaciones comerciales de mutuo beneficio. Clauteaux explica que la presencia de un influencer genera una economía de intercambio que va más allá de la publicidad. “Simplemente hay un intercambio de productos y servicios a cambio de la compañía de una persona que genera tráfico en las redes. Hablamos de un nuevo marketplace, en el que sin hablar de dinero, a todo sueño le corresponde una persona que ya ha tenido esa experiencia y que puede ayudarte, entonces hay una plaza de mercado”.

Pero la cosa no es tejer sueños y cantar sobre ellos. El usuario debe enriquer su cuenta compartiendo su historia y sueños, lo que implica trabajo de hormiguita. De esta manera la cuenta será más interesante y contará con un mayor potencial comercial, ya que según el creador de Uriji, reúne las bases de la seducción y las bases en las estrategias de negocios: conocimiento del mercado (historia) y proyección a futuro (sueños).

Enamorarse del problema

Para Clauteaux, la chispa de cualquier emprendimiento se enciende cuando en vez de enfocarse en una solución, el emprendedor se apasiona con el problema que se le presenta. La necesidad de conectar con más personas y demostrar la experiencia adquirida, en una edad en la que corporativamente ya se está en decadencia, fueron los problemas que le motivaron a generar este proyecto.

Las nociones de economía formal, gobernabilidad y civilidad que se desdibujan en el país, son factores que impulsan el crecimiento de nuevos negocios. Para el CEO de Uriji, el país es una máquina de disrupción que motiva a resolver problemas de urgencia que no permite tomarte demasiado tiempo para generar estrategias. “Cuando tú necesitas elaborar una idea nueva que le guste a mucha gente, una que genere sorpresas y resuelva el problema de las personas, encuentras fuentes de éxito: así como BlahBlah Cars resuelve en el mundo problemas de movilidad y Air B&B resuelve problemas de alojamiento, Uriji resuelve el problema de hacer conexiones de valor y al mismo tiempo; el de obtener beneficios reales de conocimientos adquiridos, haciendo parte del ecosistema de las redes sociales llenando el vacío existente en la valoración de las experiencias personales”.

La diáspora como publicitas de sus paisanos

“Todo es cuestión de estilo” decía un popular personaje de una novela de los 90. Para Clauteaux, mientras otros ven a Venezuela como una máquina del desastre, él la percibe como una incubadora de ideas innovadoras. Esta visión optimista se debe a que, para él, todos los días surgen nuevas necesidades que requiren respuestas, y estas a su vez, son oportunidades de negocios.

Ante la tendencia destructiva de las revoluciones, el creador de Uriji piensa en la necesidad de apegarse a valores de trabajo, inclusión, educación, consenso y conexiones para evolucionar ante la debacle. Estos son los valores de su emprendimiento. “La reparación de Venezuela se basa en la globalización del ciudadano venezolano, el mercado de cualquier emprendedor venezolano es ahora planetario. Ya que cualquiera que esté fuera del país va a favorecer los servicios o bienes ofrecidos por sus paisanos”.

Ante la revolución, mutación

A la pregunta de cómo Uriji puede influir en la economía del país, Clauteaux habla sobre las adaptaciones inminentes para superar los efectos de la revolución. “Yo que viví antes de que llegara la telefonía celular y todo el desarrollo de la era digital, creo en la mutación del hombre que vive ahora en función de los estímulos virtuales y sus conexiones. Pero es que también hoy en día hay una mutación de la venezolanidad. El nuevo mapa de Venezuela es el globo. La palabra mutación aplicada a Venezuela, es la globalización de Venezuela.

La diáspora ha contribuido a que los valores y la cultura venezolana invada al mundo y se haga pública. Uriji puede contribuir a que cada venezolano fuera del país, sea inversor en los proyectos de los que quedan dentro de él. Generando fuentes de empleo, conexiones de valor, oportunidades de negocio y de aprendizaje”.

Los pensadores de Uriji no han querido dejar por fuera a ese mercado nacional, que no tiene acceso a los dispositivos inteligentes. Es por eso que, a manera de primicia para PRODUCTO,  Uriji anuncia la apertura de una aplicación web que abre todas las oportunidades de la red a la población que tiene más restricciones tecnológicas. Es decir, desde la publicación de producciones personales hasta la venta de artículos específicos y la generación de relaciones.

El queso de la tostada

No todo está en la nebulosa de la retórica. Los números de Uriji son reales y prometedores, al respecto. “El objetivo a 5 años es el de generar 8 millones de usuarios en el planeta. Estos usuarios globalmente generarán 40$ al año para ellos, sea recibiendo un aporte para sus sueños o vendiendo sus historias –esto basado en E-Bay o Mercado Libre- y el modelo de negocios de Uriji  consiste en que de manera limpia, automática y registrada  factura el 10% de cada transacción. El objetivo entonces sería 32 millones de dólares en una estimación conservadora, eso sin contar las inversiones que pueden generarse por publicidad o intercambio entre marcas y usuarios”.

Este ambicioso sueño, ya comienza a tomar forma. Según su CEO en el 2018, la proyección es llegar a 300 mil usuarios con el modelo de negocios antes explicado. “Con una generación de 13$ por usuario, siempre haciendo cálculos muy conservadores, la proyección puede llegar a unos 4 millones de dólares”- afirma.

Imaginar es hacer la acción posible

En cuanto al futuro de la aplicación, el equipo de Uriji está muy claro en las múltiples posibilidades que se pueden desarrollar. “Con Uriji pueden suceder muchas cosas. Actualmente estamos interactuando con muchos venezolanos que están fuera siendo subpagados y que están necesitados de generar fuentes de ingresos alternas y que se están apoyando en nosotros para lograrlo. Por una parte, el modelo de negocios es muy ambicioso, pero por otro lado, sabemos que nos puede pasar como a Pinterest, cuyo nicho de mercado es muy distinto del que se pensó originalmente”.

Ante el futuro impredecible, Clauteaux se contenta con el presente y cuenta una anécdota que ilustra la funcionalidad social de su creación. “Recientemente 2000 alumnos de la Universidad Simón Bolívar se unieron, a través de un sueño, en Uriji para resolver el problema de que no tenían agua en el campus de la universidad. El resultado fue que por una parte, generaron el dinero para pagar las cisternas, pero además el asunto se volvió viral y lograron la intervención de Hidrocapital para resolver el asunto”.

Las mujeres de Uriji

Un equipo muy joven de dos talentosas mujeres acompaña al creador de Uriji. Yohana Duarte, marketing manager y Ángela Ramírez, analista de marketing, hablan sobre la plataforma con el convencimiento de quienes asumen un proyecto como marca personal.

Para Yohana, la experiencia Uriji le ha permitido “reconciliarse con un país posible al conocer los emprendimientos de muchas personas en pro de hacer las  cosas bien y llenar a la gente de esperanza, motivando a quienes pueden ayudar desde fuera a involucrarse en proyectos exitosos”.

Para Ángela, la plataforma es una herramienta para poner la tecnología al servicio de las personas. Un canal de iniciativas positivas que ayuden a mejorar la calidad de vida. “Para mí, las redes sociales sólo eran un factor distractor frívolo en el que las personas perdían mucho tiempo sin generar nada productivo. Uriji  me ha permitido mantenerme vigente en las redes sociales –lo cual es una primera necesidad comunicacional actualmente- pero dándole un sentido real y productivo”.

El puente generacional

Las redes sociales generalmente están dirigidas a los millenials o la generación Z. Uno de los propósitos de Uriji Jami es lograr la inclusión de todos los grupos generacionales. Al respecto, Ángela Ramírez explica que el potencial de esta red es que todos pueden aportar sus principales atributos. Los adultos mayores tienen un cúmulo de  experiencias altamente monetizables, los millenials la facilidad de convertir en realidad ideas intangibles y la generación Z es un volcán de aspiraciones que necesitan mentores para ser concretadas.

Explorar la selva de esta red social, puede ser tan interesante como abrumador y queda de parte de los lectores de PRODUCTO el descubrir su potencial y compartirlo con esta redacción.

Jean Clauteaux, el francés de la Amazonía

Nacido en París el 30 de agosto de 1973, llegó al corazón de Venezuela para criarse en la Gran Sabana, lugar en donde vivió hasta los 18 años de edad. De padre filósofo francés y madre teóloga venezolana, este curioso personaje es padre de tres niños y esposo de una “increíble panadera” como él mismo la define.

Durante 21 años trabajó para la empresa L’Oréal liderando negocios en todo el mundo hasta que se hizo con el cargo de CEO para L´Oréal Venezuela (2011-2015).

Con la misión de “conectar a personas de buena voluntad para cambiar el mundo”, se asocia en 2015 con su cuñado Janes Aschehoug para iniciar su startup Uriji Jami

En 2016 fue honrado por el entonces Presidente de Francia, François Hollandecon el título de Caballero de la Orden Nacional al Mérito.

Políglota con la experiencia de haber trabajado en 18 países, se define a sí mismo como  apasionado del trabajo en equipo, el liderazgo femenino y el estudio de la mutación evolutiva del ser humano.

 

 

 


PUBLICADO: 04 de abril de 2018