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Diga 33

Recibir la portada aniversario hecha por Carlos Cruz-Diez no provocó sino emoción. Y una mirada retrospectiva. Personalmente pensé en los 33 años de vida de PRODUCTO representados claramente –al menos para mí– en esa letra que emerge del universo de colores y se fija eterna en la retina. Magia pura del Maestro.

Diga 33. Un latiguillo médico, ahora que el país está tan enfermo. Parece mentira. Aniversario de una historia periodística que transcurrió entre dos países muy distintos: la Venezuela democrática en la cual comenzamos y crecimos, que construía valor y alentaba esperanzas, y que –aun con sus errores, todos subsanables– refulgía de optimismo y oportunidades; y esta Venezuela castro comunista que en 17 larguísimos años –más de la mitad del tiempo de vida de esta revista– desenfrenó la corrupción, atacó de lleno a la empresa privada, alentó el delito y la inseguridad jurídica, espantó al talento e hizo huir al capital, convirtiendo al país en una chatarra improductiva, desabastecida, sin trabajo, que hoy revuelve basura y hace colas para comer.

Esa realidad será, sin más remedio, el único punto de partida posible para una anhelada reconstrucción, que recomponga a Venezuela cuando este gobierno acabe. Tarea en la que deberán trabajar desde cero las personas y las empresas u organizaciones públicas y privadas que hayan permanecido o deseen regresar, para invertir y crear con miras a que la Nación emerja del naufragio.

Volver a una Venezuela normal, donde pensar en el bien común no sea delito y robar o traficar merezca castigo. Donde se impongan la justicia y el trabajo. Donde no haya tantas armas como carteles que las prohíben y matar deje de ser un verbo cotidiano. Donde se pueda generar valor agregado no sólo a las materias primas, sino a la gente: salud, educación, deporte, diversión, familia, progreso. Que la sociedad sea productiva, que restablezca su seguridad personal y colectiva. Que los beneficios –y sobre todo los perjuicios–no tengan que ver con las ideas o el color de un partido. Que no haya –vale la paráfrasis– ni presos políticos, ni políticos presos.

Un país más que posible, porque ya existió. Era el que conocí cuando llegué desde una Argentina vaciada de contenido por la ignominia militar, a finales de los 70. Una Argentina a la que le ha costado dejar atrás la tragedia, porque después de aquella ha sufrido otras. La última con la satrapía kirchnerista, hermana de sangre del chavismo. Ahora que la Justicia investiga, asoma desnuda la delincuencia organizada, enmascarada en un populismo irresponsable y manirroto, que asaltó el poder para esquilmar al Estado. Hay un paralelismo tan determinante, sobre todo en corrupción, que la matriz queda al desnudo.

Ojalá a Venezuela no le pase. Lo de las tragedias sucesivas, digo. De resto ya lleva 17 años y 8 meses de interminable penuria. Pero si Dios ayuda y aparece una dirigencia inteligente y sabia que acompañe al pueblo en sus reclamos, tal vez sobrevenga la reconstrucción descrita unos párrafos más arriba. Es la luz de la esperanza, que nunca se pierde, aunque hayamos perdido casi todo lo demás.

La misma luz que nos ofrece el Maestro Cruz-Diez con esa portada suya, que es tan nuestra.Un presente optimista, que nos colorea el futuro. 


PUBLICADO: 19 de octubre de 2016