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#ANÁLISIS Bolsonaro también le ganó a la prensa internacional

Jair Bolsonaro se convirtió en presidente de Brasil con más de 55% de los votos, y con sonados triunfos en los grandes centros poblados de Brasil. De hecho, sacó más de 60% de los votos en Sao Paulo y Río de Janeiro. El "fascista", "racista", "homófobo" y representante de la derecha "más extrema" venció no solo a sus rivales internos, sino a la gran prensa internacional.

Medios como El País, de España, The New York Times en Estados Unidos, el Grupo de El Tiempo de Bogotá y buena parte de los grandes medios de América Latina lanzaron coberturas muy críticas con Bolsonaro, incluso grandes cadenas de medios públicos, como RadioTelevisión Española o la propia BBC, no ahorraron críticas ni se cuidaron de divulgar permanentemente las declaraciones más polémicas del ahora mandatario.

En su primer discurso como presidente, Bolsonaro, después de una oración televisada con un pastor evangélico, no pasó grandes facturas, sino que se dedicó a prometer respeto a la Constitución; pero no olvidó deslizar una crítica a los medios que, en sus palabras, llegaron al insulto gratuito.

Varios fueron los frentes de ataque, pero uno especialmente intenso fue a la estrategia de los partidarios del nuevo mandatario en las redes sociales, especialmente WhatsApp, por donde circularon fake news en ambas vías, pero en las prensas española, francesa y mexicana se destacaban los "memes" y noticias manipuladas sobre Roberto Haddad, el candidato derrotado del Partido de los Trabajadores, a quien se le acusó a pretender legalizar la pedofilia, extender la homosexualidad en las escuelas y de otras barbaridades.

Por supuesto que hubo una respuesta contra Bolsonaro, pero en un trabajo especial de El País, por ejemplo, solo se cita un caso, donde se dice que el ahora presidente electo supuestamente padece un cáncer incurable, algo que es falso.

Según cifras del Instituto Datafolha, 66% de los brasileños usa regularmente la red WhatsApp para intercambiar informaciones y mensajes, en una red que, por su carácter atomizado, no es fácil de controlar o de certificar. 

Brasil es el segundo país del mundo con más cuentas de WhatsApp, después de Filipinas. Más de 90% de los usuarios entra más de 20 veces al día, y el nivel de credibilidad que los usuarios atribuyen a las informaciones que se reciben en ese medio es de 56%. 

Con el ejemplo de Donald Trump a la vista, Bolsonaro, sin un comando de campaña muy bien estructurado ni demasiados recursos, se valió de un "ejército" bien entrenado para hacer proselitismo, las iglesias evangélicas, para "viralizar" sus mensajes, especialmente los valóricos, un área donde el mandatario es radicalmente conservador.

"Brasil sobre todo, y Dios sobre todos"

Jair Bolsonaro es un ex militar que ha reivindicado la última dictadura castrense en Brasil, y se ha pronunciado a contracorriente sobre la homosexualidad, el feminismo, el respeto al debido proceso judicial contra los delincuentes, algunas minorías raciales, el aborto libre, la adopción homoparental, la educación sexual en las escuelas y otros asuntos donde la ética contemporánea apunta a una transición más liberal.

Ninguno de estos dichos es mínimamente aceptable. En efecto, el discurso histórico de Bolsonaro como parlamentario de un pequeño grupo político, el Partido Social Liberal que ahora se ha convertido en plataforma de gobierno, ha sido claramente ofensivo para amplios sectores.

No obstante, la debacle de toda la clase política brasileña, con tres presidentes -dos ex y el actual- señalados por casos de corrupción, más de 60% del parlamento también acusado, junto con dirigentes sindicales y empresariales, es posiblemente la clave que explica que un hombre tan políticamente incorrecto sea el nuevo Jefe de Estado.

El "fenómeno" Bolsonaro, como el de Trump, se impuso a contrapelo del pensamiento establecido por la mayoría de los medios de comunicación de carácter liberal, cuya influencia parece haber caído en niveles históricos, en buena medida porque sectores que antes tenían limitaciones para comunicarse, ahora pueden hacerlo en redes sociales. La democracia también tiene sus riesgos.

El nuevo gobierno de Brasil testimonia, por ejemplo, un fenómeno político poco analizado o, mejor, poco debatido: la irrupción de iglesias cristianas al ámbito político regional, que no es nuevo, pero, gracias al crecimiento de estos cultos, se ha hecho más patente en la última década. El lema de Bolsonaro es: "Brasil sobre todo y Dios sobre todos". Más elocuente imposible.

También está la presencia militar wn wl nuevo Ejecutivo que, en el caso del Brasil, tiene aspectos polémicos, porque uno de los objetivos históricos de la democracia del país carioca era quitarle al estamento castrense el carácter de árbitro político. No se puede dejar de lado la condición de ex militar del nuevo mandatario.

Venezuela en el juego

Venezuela fue un tema que marcó una distinción importante en la relación entre Bolsonaro y los medios brasileños, pues en la condena al gobierno de Nicolás Maduro hay consenso, aunque con matices. Roberto Haddad, el candidato del PT, se empeñó en el desmarque, y el mismo gobierno venezolano lo ayudó con una actitud distante del proceso electoral.

Más de 1.500.000 de emigrantes venezolanos que circulan por América Latina en un flujo constante generan problemas importantes para los gobiernos de la región. Parece claro que la actitud de Jair Bolsonaro no será de un ataque directo a las políticas migratorias abiertas, pero sí participará activamente en el incremento de la presión diplomática contra la administración Maduro.

Las consecuencias de esa diplomacia de mayor voltaje son, por ahora, impredecibles, pero sin duda alimentará el discurso victimista de la administración venezolana.

En todo caso, aún queda por ver a Jair Bolsonaro en el gobierno.

 

 

 


PUBLICADO: 28 de octubre de 2018