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ANÁLISIS: La responsabilidad como antídoto contra el conflicto político

El gobierno denunció que hubo un atentado contra el presidente Maduro. Sin pruebas ni proceso judicial, los medios estatales, nacionales e internacionales, repartieron culpas. El presidente acusó a un mandatario extranjero y amenazó a sus adversarios con la venganza "popular". Es peligroso cuando el discurso se pone por encima de los hechos.


Lo ocurrido en la tarde de este sábado 4 de agosto en la Avenida Bolívar es tremendamente grave. No se puede banalizar el intento de asesinar al Presidente de la República; sin embargo, los discursos del ministro de Comunicaciones, Jorge Rodríguez, y del propio mandatario, Nicolás Maduro, contribuyeron poco a aclarar lo sucedido.

Los hechos son estos: a las 5:41 de la tarde, mientras Nicolás Maduro daba un discurso en la Avenida Bolívar, durante el acto del octogésimo primer aniversario de la Guardia Nacional Bolivariana, se escucharon varias detonaciones. Quienes estaban en la tarima principal miraron al cielo y reaccionaron con estupor y miedo.

El presidente Maduro pareció paralizado, mientras sus guardaespaldas lo cubrían con paneles antibalas de kevlar, y el resto de los agentes de seguridad, en medio de la confusión, intentaban echar al suelo al resto de las personalidades que acompañaban al mandatario.

Extrañamente, la parada militar se mantuvo durante cerca de un minuto después de las detonaciones, pero luego se dispersó en desbandada. El mandatario y su comitiva fueron evacuados rápidamente del lugar.

Horas más tarde, apareció en una transmisión no encadenada, el ministro de Comunicación Jorge Rodríguez para confirmar que la posición del gobierno es que el incidente se trata de un atentado. Rodríguez hizo las primeras acusaciones a lo que el gobierno llama genéricamente "ultra derecha". 

El único anuncio concreto fue que había siete efectivos de la GNB heridos.

Los medios públicos no reaccionaron de inmediato. VTV, PdvsaTV, FANB TV, ANTV, Tves y ViveTV mantuvieron sus programaciones habituales. Telesur y Rusia TV, en cambio, sí lanzaron programas especiales inmediatos. Sin aportar ninguna evidencia, los "anclas" acusaron a la oposición por los hechos y sembraron hipótesis diversas sobre las causas del incidente.

VTV reaccionó, por fin, con una transmisión especial con el periodista Boris Castellanos, donde lo único que se hacía era leer mensajes de Twitter de funcionarios públicos y hacer las mismas acusaciones que ya circulaban en Telesur y Rusia TV. A tres horas del atentado, el único presidente del continente que condenaba los hechos era Evo Morales, de Bolivia. Después, apareció la condena de Daniel Ortega. Nada más.

El discurso de Maduro

Nicolás Maduro apareció pasadas las 8 de la noche en Miraflores, acompañado de sus ministros y de Alto Mando Militar, para contar su versión de los hechos. Las ideas principales de su alocución fueron:

-Fue un atentado de la "ultra derecha" colombiana y de Miami. Personalizó la autoría intelectual en el presidente, ya de salida, Juan Manuel Santos.

-Indicó, sin aportar nombres ni más datos, que ya los autores materiales del atentado denunciado están detenidos. La solución del caso se produjo en "tiempo récord".

-Demandó justicia para los autores intelectuales y sugirió que pediría extradiciones y, en este punto, exigió al gobierno de Estados Unidos no amparar a "organizaciones terroristas".

-El mensaje político consistió en una clara amenaza a sus adversarios políticos y los agentes económicos que él denomina "burguesía venezolana", al señalar que si algo le pasa, el "pueblo" saldría a hacer justicia por mano propia y no quedaría ninguno de sus supuestos enemigos en pie.

-Defendió sus ejecutorias políticas y económicas. Incluso, afirmó que el atentado se produjo porque sus enemigos temen el éxito de su nueva estrategia de "recuperación económica". 

El presidente no anunció ninguna medida extraordinaria de preservación del orden, algo que sería normal en una situación como la planteada. Avanzada la noche, apareció la decisión de prohibir la circulación de aeronaves privadas y drones en el país por un tiempo no definido.

El gobierno impuso en sus redes sociales la etiqueta #Revoluciónindestructible.

El otro lado

La oposición no reaccionó. En las redes donde se expresa mayoritariamente el sentimiento opositor hubo, desde el principio, incredulidad sobre la ocurrencia del atentado, y comenzaron a circular comentarios irónicos sobre el valor mostrado por los efectivos militares.

La polarización política se hizo presente, de nuevo, incluso en un hecho que parece especialmente grave. 

Cuentas de periodistas críticos mostraron evidencias sobre la explosión de una bombona de gas en un edificio cercano a la Avenida Bolívar como explicación a las detonaciones. Desde Miami, la periodista Patricia Poleo leyó un comunicado de un supuesto grupo de militares y civiles que se atribuyeron el atentado.

De nuevo privó la lógica de los dos países profundamente separados. Por un lado, era el mensaje de condena y estupor por el "acto terrorista" y del otro, el desmentido y la banalización. El gobierno y sus adversarios se plantan en el desconocimiento y la descalificación mutua.

Puesto en perspectiva histórica, Venezuela no se ha caracterizado por la violencia contra sus presidentes. Desde 1830, han muerto violentamente dos mandatarios: Joaquín Crespo, en 1898, cuando no estaba en ejercicio del gobierno, y Carlos Delgado Chalbaud en 1950.

Rómulo Betancourt fue víctima del único atentado fallido contra un presidente, registrado antes del de este sábado. El 24 de junio de 1960, un carro bomba explotó cuando pasaba su comitiva en el Paseo Los Próceres. El presidente resultó con graves quemaduras, especialmente en sus manos.

Durante la etapa de la revolución bolivariana se hizo común que el ex presidente Hugo Chávez y el presidente Maduro denunciaran de manera recurrente la organización de complots para asesinarlos. Fue tan extendido el uso de estas denuncias que, a pesar de su gravedad, ya parecen haber agotado su crédito.

Las implicaciones

Las hipótesis abundan de lado y lado, por lo que carece de sentido entrar en estas derivas conspirativas. Lo importante aquí es destacar la escasez de sensatez y responsabilidad con la que se maneja un hecho tan grave y de implicaciones tan peligrosas para toda la sociedad.

Que el gobierno intente sacar réditos políticos de un hecho como este, en lugar de ofrecer un discurso ponderado y responsable, es muy grave; aparte de que contribuye con la banalización que condena en la oposición. La actitud del Ejecutivo induce a pensar que los hechos no son como los cuenta.

Lo que corresponde hacer es una investigación seria e imparcial y que las autoridades comuniquen sus resultados con evidencias en mano.

Acusar a un gobierno extranjero es un acto de gran riesgo y ya el presidente Maduro había venido preparando el terreno para escalar el conflicto con Colombia. Su discurso durante los actos del Día del Ejército, el pasado 24 de junio, ya implicaba una peligrosa intención de atizar la tensión con el vecino país, incluso en el plano militar.

Que la oposición haga silencio y su dirigencia no se atreva a valorar los hechos para orientar a la parte de la sociedad que la apoya, también es muy grave. La política implica tomar posiciones oportunamente.

En el centro del debate también está la censura. El papel de los medios independientes en esta circunstancia es investigar y aclarar. Difundir información que despeje las dudas y ponga las cosas en su lugar es la tarea del periodismo en tiempos tan oscuros.

Sin embargo, esto no parece posible en Venezuela. En el mismo lugar de los hechos, periodistas de medios independientes fueron detenidos y su material confiscado por fuerzas de inteligencia. ¿Qué se puede pensar en este caso? ¿Es que no interesa permitir la difusión de información independiente sobre un hecho tan grave?

El gobierno ha hecho de la nula transparencia su política comunicacional, y eso tiene consecuencias políticas. La oposición ha hecho de la indefinición y el silencio su forma de manejar temas complejos, y eso también pasa facturas.

La crisis del país es tan severa que, de verdad, lo último que necesita la sociedad es la tragedia de la violencia política abierta con su carga de persecución y represión; y el mejor antídoto para evitarla es la responsabilidad.

 

 

 

 

 

 

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PUBLICADO: 05 de agosto de 2018