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Murió Orlando Castro

Falleció en Caracas Orlando Castro, un empresario de origen cubano, super exitoso en las décadas 80 y 90 en el mundo de los negocios --particularmente en la banca y los seguros-- hasta que la intervención inclemente de ese sector por parte del ultimo gobierno de Rafael Caldera, afectó a sus empresas Latinoamericana de Seguros, Banco Progreso y Seguros Progreso, como también las inversiones que lo vincularon con el Banco de Venezuela.

En aquel momento trató de resistir los embates popularizando una frase que se incorporó al lenguaje popular venezolano ("Aquí estamos y aquí seguimos") pero finalmente dejó el país rumbo a Miami y más tarde fue detenido por irregularidades de un banco de su propiedad en República Dominicana, donde fueron estafados ahorristas norteamericanos, lo que hizo intervenir a la Justicia de Estados Unidos. Fue apresado, juzgado y encarcelado junto a su hijo homónimo y su nieto, en un caso que debe ser único en el mundo: 3 generaciones tras las rejas por el mismo motivo. Finalmente logró su libertad y regresó a Venezuela, ya en el gobierno de Hugo Chávez, donde logró refundar un negocio de seguros --la empresa Prosegur-- convocando a parte de la gerencia y trabajadores que habían sido gente fundamental en su compañía Latinoamericana. En ese momento, con su habitual picardía, solía decir riendo: "En Venezuela debo ser el único chavista anticastrista". Efectivmente, había huido de la revolución cubana en 1961, cuando era dirigente juvenil del Partido Ortodoxo. Y decía siempre que su vocación era la política pero, siendo extranjero, no podía hacer política en Venezuela y por eso se había dedicado a los negocios. 

Comenzó vendiendo casas premoldeadas con una empresa de nombre Finaco, perteneciente al empresario Roberto Salas Capriles. Y con una habilidad para los negocios que nadie discutió nunca, levantó con los años un emporio. En sus tiempos de gloria, a principos de los 90, Castro llegó a tener 12.000 empleados en sus compañías. Fue admirado y aborrecido casi por igual, condición que al parecer le acompañó desde muchacho y no lo abandonó nunca. Su regreso a Venezuela estuvo animado por dos particulares circunstancias: consideraba que esta era su segunda patria, donde había encontrado cobijo al escapar de la dictadura cubana, siendo incluso altamente exitoso; y además buscaba una revancha, sin duda, contra quienes habían hecho caer su imperio. Cumplió ambas cosas a medias. No podía ser de otra manera. En Caracas enfermó y se retiró finalmente en un apartamento, donde murió ayer a las 2,30 de la tarde en brazos de su actual compañera. Tenía 88 años. Era escorpión (30/10/1925) y dejó incumplida la promesa --que siempre repetía-- de vivir 100 años. Tuvo una vida intensa y azarosa y lo distinguía un humor muy ácido. Tanto que una vez le respondó a un periodista que el lema del Partido Auténtido en Cuba donde militó cuando joven ("Vergüenza contra dinero") le sentaba a las mil maravillas "porque a mí nunca me ha gustado el dinero". Pensándolo bien, tal vez lo último era cierto. Paz a su alma.


PUBLICADO: 26 de febrero de 2014