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Adiós a Larry King

El maestro de la entrevista murió en un hospital de Los Angeles, víctima de la peste que azota al mundo. No hacía su programa desde 2010, pero se mantenía activo en medios propios, Twitter y especiales de CNN.

A los 87 años falleció el legendario entrevistador norteamericano Larry King: un periodista como pocos a quien nunca le interesó usar ese título ni identificarse con la profesión. Se sentía más cómodo con el calificativo “presentador” y se dice que llegó a realizar 50.000 entrevistas a lo largo de su carrera, que incluyó primero un espacio en radio muy popular y luego su cautivante programa diario en CNN, donde Ted Turner tuvo el tino de contratarlo en 1985 y se quedó hasta 2010. Siempre en horario estelar, claro. También mantuvo 20 años una columna en USA Today, el periódico que se imprimía al mismo tiempo en varias ciudades de Estados Unidos.

Hijo de inmigrantes judíos que eran dueños de un bar en Nueva York, fue siempre un mal estudiante y su espíritu de busca vidas lo hizo marchar hacia el sur. Empezó limpiando pisos en una pequeña radio de Florida, luego tuvo un trabajo como disc jockey y cuando logró por fin ponerse frente a un micrófono, cambió su nombre Lawrence Harvey Zeiger por el de Larry King. Tal vez porque se sentía como un rey haciendo lo que más le gustaba.

Entrevistó casi a todo el que le dio la gana, desde presidentes (todos los norteamericanos pasaron por su programa) y monarcas, hasta deportistas y actores, pasando por líderes religiosos como el Dalai Lama, políticos de toda laya, empresarios, estrellas de cine, intelectuales, roqueros y hasta a La Rana René, del Muppets Show.

Para Larry King lo importante era que su interlocutor tuviese buenas historias que contar. No lo acorralaba, no le hacía, incluso, las preguntas que todo el mundo quería que se hicieran al personaje en cuestión. Pero lograba sacar programas estupendos, con aristas impredecibles, que su fiel audiencia elogiaba casi siempre. Y eran entrevistas diarias de una hora, que se jactaba de no preparar, pero iba llevando con su voz ronca, aquella mirada socarrona, sus camisas elegantes y las corbatas de colores. Un atuendo particular que remataba con esos tirantes que hicieron historia en la televisión mundial.

Su vida fuera de cámara y micrófono fue tumultuosa. Se casó 8 veces con 7 mujeres, pues repitió con una. Tuvo 5 hijos de los que le sobreviven 3.  Se le conocieron problemas con los impuestos, fue acusado de estafa por un socio, fue arrestado en Miami por hurto en 1971,  era un jugador empedernido y perdió fortunas apostando. Pero nada de eso importa hoy –y quizá no importó nunca- porque lo realmente interesante de este personaje maravilloso, era su don para conversar ante el micrófono con un otro cualquiera, logrando casi siempre extraer lo máximo para satisfacción de su enorme audiencia. Fue sin duda alguna un maestro en lo suyo. Un ícono inigualable y tal vez Irrepetible. “Me encanta hacer preguntas”, decía. “Nunca he aprendido nada hablando, pero si escuchando”.


PUBLICADO: 24 de enero de 2021