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Empresas gringas Go home!

Un alarido repetido muchas veces que terminó por hacerse una realidad. Y es que la fantasía del comandante de la revolución de ver partir a las transnacionales “capitalistas” americanas se ha ido cumpliendo poco a poco, dejando tras ellas una estela de escasez, desempleo y atraso difícil de borrar. La más reciente partida fue la de Alimentos Kellogg’s que hizo a sus más de 500 trabajadores, vivir la angustia ya experimentada por los miles de empleados de las empresas antecesoras.

María Alejandra Almenar /@Mariale_Almenar

La invitación a irse del país fue escatológica y dramática. Más de una vez vimos al fallecido comandante gritando a empresas y diplomáticos “gringos” la trillada frase que, como un anuncio profético o tal vez como resultado de un plan perfectamente orquestado, se ha venido cumpliendo. A pocas horas de la huida de la directiva de Kellogg’s del país, presentamos un recuento de las trasnacionales americanas que corrieron el mismo destino que la del Tigre Tony.

United Airlines, ganancias en picada

El primero de julio de 2017 partió de Venezuela el último vuelo de la ruta Caracas – Houston que cubría esta aerolínea. Los motivos fueron las “ganancias insuficientes para mantener  la operatividad de la aerolínea, además de las pobres expectativas a futuro de trabajar en un ambiente seguro”. Según la IATA, el gobierno tenía para esa fecha, una deuda de 3.780 millones de dólares. Desde el 2015 hasta la actualidad, se han retirado 14 aerolíneas de los cielos venezolanos.

Clorox, la primera vez de Maduro

En 1990, la empresa Clorox inició sus operaciones comerciales en Venezuela con la distribución de la marca Pine-Sol. Su trayectoria de crecimiento se vio truncada en el año 2014 cuando decidieron cerrar sus puertas luego de batallar por tres años con los precios de sus productos congelados. “Las restricciones operativas impuestas por el gobierno, la incertidumbre económica y las interrupciones de suministros” fueron las razones expuestas en un comunicado, justificando el cierre de sus puertas. Cuatro años después, los 100 empleados que se mantuvieron trabajando en las instalaciones de Clorox tomadas por el gobierno, han manifestado en diversas oportunidades por las malas condiciones salariales, tal como lo reseña el portal Caraota Digital.

General Mills dice adiós y diablitos que se va con otra

Diablitos Underwood fue operada como marca por General Mills desde el año 2001. La empresa que comercializa uno de los sabores más característicos de la cocina venezolana, decidió cerrar sus puertas en Venezuela perdiendo en activos la suma de 35 millones de dólares. La razón que expusieron en su comunicado de prensa fue que prefieren “priorizar otras oportunidades de crecimiento dentro de la presencia en Latinoamérica”. Sin embargo, antes de salir corriendo la Corporación anunció la concreción de la venta de las marcas Diablitos Underwood, Rico Jam y Frescarini a un inversionista internacional con base en Venezuela, llamada Lengfeld Inc.

Harvest Natural Resources, razones personales

El retiro de la trasnacional petrolera a partir del primero de julio de 2016, supuestamente no respondió a presiones del gobierno por estatización. En este caso, se fueron de Venezuela después de 20 años de operar en el estado Monagas junto a PDVSA, como estrategia para rescatar capitales y permitirse seguir en el mercado desde fuera. Para ello, vendieron el 51% de las acciones de la asociación Harvest Vinccler a la empresa italo-venezolana CT Energy por la suma de 100 millones de dólares.

General Motors se apagó lentamente

La trasnacional operó en Venezuela durante casi 70 años. En el 2015, sus operaciones de ensamblaje se redujeron casi al mínimo, manteniendo la planta sólo para la importación de autopartes.

El imposible acceso a las divisas ahogó a la empresa que tenía 79 concesionarios y la más amplia red de proveedores de autopartes en el país, además de 2.700 empleados operarios que quedaron desempleados una vez que un tribunal marabino fallara en su contra ordenando el embargo de  476.000 millones de bolívares. La decisión de la directiva fue el cierre absoluto, acabando con la historia de una empresa líder en su ramo en el mercado nacional por más de 35 años continuos.

ExxonMobile, el triunfo galáctico

Quizás el caso de expropiación más sonado de la era chavista, fue el de ExxonMobile. La empresa operaba en Venezuela hasta que en 2007 , Hugo Chávez firmó el decreto de nacionalización que obligaba a las petroleras a formar empresas mixtas en las que el Gobierno fuera el propietario del 51%.

Ante la negativa de ExxonMobile -la que entonces tenía como director ejecutivo encabezada al ex Secretario de Estado de la administración Trump, Rex Tillerson- el gobierno dudó en ordenar la expropiación de sus activos. La acción inició la querella que mantuvo a ambas partes en constante tensión hasta que en 2017, cuando la CIADI fallara a favor de Venezuela obligando a la trasnacional a aceptar la pérdida de sus bienes sin derecho a ninguna compensación.

Kimberly-Clark, corridos por un cacique

La planta de la Kimberly-Clark producía 33 millones de pañales y 17 millones de rollos de papel sanitario al mes entre otras nueve líneas de producción. Pero en julio de 2016, el gobierno decidió la expropiación de sus activos bautizándolos con el nombre de “Planta Productiva Cacique Maracay”.

El resultado de la ocupación fue el saldo de más de 1.000 trabajadores desempleados, una planta en el ocio y el agravamiento de la escasez de productos de aseo personal que ahora se venden en el mercado negro a precios astronómicos. Recientemente, la empresa inició un proceso de arbitraje ante al CIADI esperando recuperar algo de lo que perdieron gracias a la decisión del gobierno actual.

¿Y dónde está la gente?

Son miles las personas que se han quedado sin empleo y las familias que perdieron su seguridad y sustento gracias a la partida de estas empresas y el cierre de muchas otras. Esta nueva era de la economía venezolana que nadie termina de entender, ha dado a lugar – en el mejor de los casos- a nuevos emprendimientos, pero también a una diáspora forzada que está dejando al país poco a poco sin médicos, ingenieros, enfermeras, y sin los profesionales necesarios para formar una generación de relevo, y que ha engordado las filas de la economía informal.

Como diría Dickens (escritor inglés muy querido en tierras norteamericanas): “…el mejor de los tiempos,  el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación”.

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PUBLICADO: 16 de mayo de 2018